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SECRETO PUBLICO El debate como evento
Felicito a los organizadores del evento Debate Electoral 2003, Prensa Libre, Asociación de Gerentes y las universidades San Carlos, Landívar y Gálvez, por el esfuerzo que hicieron en beneficio de la democracia del país
Por:
Ronald Flores
Este debate de aspirantes a la Presidencia fue importante, aunque por sus consecuencias, por lo que debatieron los candidatos, haya resultado siendo irrelevante, lo cual no es responsabilidad de los organizadores.
Más bien, se les agradece que hayan facilitado un foro de esta naturaleza para que los electores tengamos la oportunidad de cotejar y ponderar nuestra voto y la participación cívica que llevaremos a cabo en los años venideros.
Aunque al principio me pareció que la dinámica del evento iba a tornarse complicada, la adecuada conducción de parte de la mesa posibilitó un intercambio ágil y bastante fluido.
Se sentó un excelente precedente, un adecuado marco de interacción, para futuros debates en cuyo centro se encuentre una mesa con representantes de sectores civiles que concentran las intervenciones en punto temáticos relevantes para el país.
Esta vez no sucedió a semejanza del ya mítico debate entre Nixon y Kennedy, cuyo resultado alteró el rumbo de la campaña y posiblemente le terminó dando el triunfo al joven senador JFK, que se lució ante Nixon, que era un excelente candidato. Nada que ver.
La impresión que dejó el debate entre Berger y Colom no creo que alteré en lo absoluto el resultado de estas elecciones.
Si se tiene que adjudicar ligeras ventajas, porque ganadores no hubo, a mi parecer Eduardo Stein, a pesar de su discurso en ocasiones cantinflesco, tuvo evidentemente una mejor participación que Fernando Andrade, que se desempeñó erráticamente bien.
Pero sucedió a la inversa en el debate presidencial, en tanto Colom demostró tener un mejor conocimiento de la realidad nacional, al emplear cifras, citar fuentes documentales para fortalecer sus argumentos.
Berger no estuvo mal, pero considero que no supo diferenciar del todo un debate presidencial con un mitin. Esperaba el aplauso, como se acostumbra en los mitines, al final de cada una de sus frases, lo cual no tiene por qué suceder en un evento de esta naturaleza.
Temáticamente, me parece contradictorio, y por eso interesante, el énfasis que tanto Stein como Andrade hicieron de la imperiosa necesidad de reformar el sistema político, a partir de un acertado análisis de los partidos como estamentos autoritarios, no democráticos y poco representativos.
Me sorprende que sean ellos, postulados de hecho por partidos cuyas prácticas son las que ellos mismos describen, quienes lo digan. Por algo ha de ser.
Por aparte, aunque Stein y Andrade quieran impulsar la reforma del sistema partidista, no han hecho nada en concreto en sus propias organizaciones para evidenciar el cambio que proponen.
Ninguna ley impide a los actuales partidos a tomar acciones reales para democratizarse.
En esto, aunque una reforma sería deseable, no es necesario esperar una modificación legal.
Los partidos pueden, hoy, comenzar a reformarse a sí mismos.
Cosa que tampoco hacen, de forma lamentable. Al parecer, prefieren desaparecer que transformarse a las actuales exigencias de la sociedad, que supuestamente representan.
Por otro lado, quiero comentar la desatinada participación de las hordas partidarias, de los entusiastas de cada candidato, que llegaron al evento como porra.
La efervescente efusión de epítetos, gritos y amenazas de ataques histéricos que padecieron, impidieron a quienes llegamos como ciudadanos responsables para escuchar las propuestas de ambos candidatos contar con un foro respetuoso y ecuánime.
Colom fue abucheado por increpar a Berger sobre los buses. JFK increpó, y de qué manera, a Nixon sobre varios temas.
Y Nixon respondió bien, se supo defender, lo cual no significa que se pusieran a pelear, ni que le contestara grosero. Que los candidatos decidan o no polemizar es parte del debate.
Que sean ellos quienes discutan en un evento de esta naturaleza. Total, son ellos quienes se prestigian o desprestigian, quienes elevan o degradan el nivel de discusión y nosotros quienes juzgamos a partir de dichas intervenciones.
Hay momentos para la euforia partidista, pero el foro no era uno de estos momentos.
Cuando se extralimitaron, ninguno de los candidatos supo poner orden a su propia gente y si no pueden siquiera controlar a sus seguidores cómo piensan gobernar el país.
Fueron los organizadores quienes tuvieron que llamar al orden. Ah!, la gobernabilidad que nos espera...
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