|
CARA PARENS Madre Teresa de Calcuta
Testimonio a seguir para adquirir un compromiso de vida
Por Larry Andrade-Abularach
De las “Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta” siempre me ha impactado su oración con una fe inquebrantable, su servicio y, a pesar de las penas, siempre con alegría alabando a Dios.
Conozco su obra a través de mi madre y su reunión de grupo cursillista “mis tías” de corazón.
Madre Teresa amó a los enfermos y a los pobres con dos amores: el amor suyo y el amor de Dios.
Ella fusionó el sufrimiento y la felicidad por el amor. Nunca los separó, siempre los juntó, unidos como causa y efecto.
Logró cincelar su alma de tal modo, a base de negación de sí misma y de entrega a los demás, que su mensaje, por irradiar de los poros de aquella piel agotada de tanto amar a Dios y a los hombres, tiene el olor atrayente de las grandes personas, de los grandes santos que aprendieron de Jesús a darlo todo sin quedarse nada para sí.
Era frecuente que le preguntasen cuál era su secreto y siempre contestaba de un modo fácilmente resumible: el sufrimiento y la felicidad son compatibles si hay amor.
Llegó a poner por escrito unos consejos prácticos, “sencillos” decía ella, para conseguir la felicidad, que son pura poesía del alma. Algunos, consoladores: “La cosa más fácil: equivocarse”; didácticos: “El mayor error: abandonarse”; prácticos: “La ruta más rápida: el camino correcto”; exigentes: “Lo más imprescindible: el hogar”.
Todos ellos “sencillos” pero certeros. Juan Pablo II beatificó a la Madre Teresa para que sea modelo de vida a seguir y que, por su cercanía con Dios, podemos pedirle que interceda por nosotros.
Leí el testimonio de un muchacho que fue de voluntario a una labor de la Madre Teresa.
Le pusieron en brazos a un niño de meses, enfermo incurable, agonizante. El voluntario no sabía qué hacer y el bebé se moría sin remedio. Agobiado, le dijo a una monja misionera: “Este niño se muere ¿qué hago?” Y la monja, Hija de Madre Teresa, le respondió: “Dadle amor”.
No sé qué es más hermoso: si la cantidad de enfermos que deben su salud y su hogar a la Madre Teresa, o la cantidad de almas que se han ido al Cielo besando la Cruz que una mano cariñosa ponía delante de sus labios, mientras otra mano de madre acariciaba su frente.
Madre Teresa no elaboró grandes teorías sobre el hambre, ni sobre la superpoblación, ni sobre la economía. Se remangó para limpiar orinales, cocinó para los pobres, acarició a los leprosos.
Y enseñó a sus monjas misioneras a hacer lo mismo. Y luchó contra el aborto.
El otro día, me preguntaron ¿por qué la Iglesia sólo exalta a quienes brillan? Creo que es porque para la Iglesia sólo brillan los que se entregan. Los que no saben que brillan porque no se miran a sí mismos. Los que se remangan y dan amor.
|