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IN ABSENTIA Salta mi conejito
Tres años después, las condiciones han cambiado y Berger se ha convertido en un marco con sello propio.
Por:
José Luis Chea Urruela
Amanece, martes 27 de mayo, a escasos cinco meses de las elecciones generales, en sus respectivas casas de habitación, en la sala, en el comedor, o todavía en la cama, los aspirantes de la Presidencia de la República leen, con fruición, los resultados de la primera encuesta electoral. Oscar Berger sonríe, satisfecho; Alvaro Colom se anima, el general Ríos Montt se preocupa. Los demás comienzan a buscar culpables.
Atrás quedan las bravatas del ex presidente Arzú, las sutiles imposiciones del Club de París, las traiciones de los amigos, la astucia de los usurpadores, el tardío retorno a la política, la división del partido, la reconstrucción del muro de la ignominia, la vacuidad del Acuerdo de Pastores, y el alejamiento del partido que lo dio a conocer y lo hizo alcalde. Con un 39.4% de intención de voto, Berger demuestra que tiene peso propio y que por fin, es él mismo.
Afuera el país se agita, la gente comenta, los políticos calculan, la comunidad internacional -echa una seda- opina, la flechita confunde, los amigos festejan, los asesores explican, los cautos piensan, los mentirosos callan, los demagogos justifican, los insatisfechos complotan, los ladrones huyen, la mitad de la patria espera, la otra mitad no cree. La contienda electoral comienza.
En las elecciones presidenciales de 1999, Berger perdió, entre otras cosas por las divisiones internas del PAN, las imposiciones de Arzú, la racionalización de los recursos económicos para la campaña, la división del sector privado, la privatización de Telgua, la prepotencia del partido oficial, una prensa desfavorable y porque la oposición y su candidato jugaron adecuadamente su papel.
Hoy, tres años después, las condiciones han cambiado y Berger, convertido en una marca con sello propio, con más carácter y mayor experiencia, vuelve a colocarse como favorito en las encuestas. A su favor el desgaste del gobierno, su popularidad, la unidad del sector privado, una prensa favorable y la ausencia, por el momento, de rivales de peso. En contra, la sombra de la flechita y la embriaguez de un triunfalismo prematuro.
En el pantry de su casa de habitación, el secretario general del PAN lee, incrédulo, los resultados de la encuesta, al mismo tiempo que en sus oídos resuena la letra de una vieja canción infantil que alguna vez escuchara en su nativo Quetzaltenango, “Salta mi conejito, para tus orejitas, como tu zacatío, conejo mío, conejo mío. Tristes están los campos desde que tú te fuiste...”
P.D. Chochi Berger es ya sólo memories, la Locha Arias ya se graduó y fui padrino de Karl Brenner.
Felicitaciones.
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