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TIEMPO Y DESTINO El candidato que falta
Para completar el panorama político, es necesario resolver dos asuntos: la candidatura del PAN y la inscripción de Ríos Montt.
Por:
Luis Morales Chúa
Los líderes Leonel López Rodas y Mario Taracena se perdieron un minuto de gloria, al no concurrir el lunes anterior a la presentación de La Encuesta, porque los buenos resultados para el Partido de Avanzada Nacional (PAN) llovían constantemente sobre la cabeza de los espectadores.
Sigue siendo la organización independiente mejor organizada y con más impacto en la preferencia de la población, a tal punto que, según las respuestas de los encuestados, puede ganar las elecciones sin necesidad de ser reforzado con la popularidad de Berger o de alianzas con otros partidos.
Pero, al mismo tiempo, habrían escuchado constantemente los gritos y aplausos de los partidarios del ex alcalde, cada vez que el presentador y analista de resultados informaba que el ex alcalde puede ganar la Presidencia sin el PAN.
De manera que si Pitágoras existiera podría decir a ambos que en matemáticas 2 más 2 son cuatro; pero el pedagogo belga, Ovidio Decroly, les podría alertar en el sentido de que 2 contra 2 puede ser 0, ya que la alianza que tres pequeños partidos sostiene ahora a Berger no alcanzó ni siquiera el 6 por ciento de los potenciales votantes.
Ambos tienen en su favor la crisis por la que atraviesa estos días el partido gobernante -el más grande de todos- como consecuencia de los escándalos que se producen a diario en entidades del sector público y que están causando mella en la población, aunque no se sabe si lo mismo sucede en el electorado, ya que son dos cosas distintas.
La masa de votantes es un pequeño sector que puede ser seducidos con dinero y promesas mentirosas, por lo tanto, las posibilidades de un candidato suben en la medida que el surtidero de dólares y quetzales funcione, con chorros gruesos y potentes. Y en ese punto es donde la competencia se pone áspera. Nadie posee tanta plata como el FRG, ni como la plana mayor de Berger. Y eso cuenta, aunque no sea determinante.
Lula da Silva ganó en Brasil, luchando contra montañas de dinero que poseen sus adversarios. Lo hizo a base de un trabajo organizativo que debería ser la Biblia para los partidos pobres. Su capital no fue otro que el de la constancia, la lealtad a su organización, hablar con claridad a los brasileños y tener ideales definidos, sin cambios: como ese de luchar porque todo brasileño pueda comer tres veces al día.
Y recordemos, a propósito, que un finquero y ganadero prominente -Otro René Peñate- después de una paciente investigación descubrió que toda la carne de res que los guatemaltecos consumimos equivale a “tres libras al año por habitante”, dato publicado en su artículo titulado Cómo se hace la milanesa, y que vio la luz pública en las páginas de este diario.
Eso es algo todavía no ha sido entendido por los que han gobernado Guatemala de 1954 a esta fecha. Cómo podrían entenderlo, además, funcionarios que coleccionan relojes de US$ 35 mil dólares, o los que estiman que pueden impunemente robar, desviar, sustraer o malversar Q 900 millones que pertenecen a jubilados que se cobijan bajo el sistema de seguridad social.
Ni los “líderes” que se ríen de las informaciones acerca de la desnutrición de seres humanos en numerosas aldeas, caseríos y cantones del país; y no hacen nada por remediar la situación. ¿Cómo podrían entenderlo quienes pierden la noción del dinero cuando desparraman millones de quetzales en publicidad para hacerse imagen, como ese señor cuyo genio mercantil le permitió, con una compañía de 5 mil quetzales, comprar la empresa nacional de teléfonos y venderla en el equivalente a 7 mil millones, y que ahora quiere ser presidente de la República?
Pero, así es la política y para que siga igual el sistema se defiende con medidas que hacen de las elecciones un juego para mantener al pueblo con esperanzas, más que con oportunidades; lo cual se refleja en hechos de distinta naturaleza, como esa confabulación para no permitir el voto de los guatemaltecos que residen en el extranjero; pero se saborean con eso de que anualmente, mediante las remesas familiares, nutran la economía nacional con tres veces más dólares que los que producen las exportaciones tradicionales y las no tradicionales, juntas.
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