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A CONTRALUZ Los archivos de la CIA
El fatídico terrorismo de Estado, con su secuela de crímenes políticos, tuvo su antecedente en la fatídica intervención estadounidense de 1954.
Por:
Haroldo Shetemul
MAS DE DOCE 12 MIL documentos secretos cuentan una historia de terror en Guatemala. La Agencia Central de Inteligencia, CIA, y el Departamento de Estado eliminaron hace dos semanas la restricción sobre los archivos que relatan la historia de como Estados Unidos fraguó, financió y dirigió la caída del gobierno de Jacobo Arbenz, en 1954. Si bien ya se conocían estudios sobre la forma en que la administración norteamericana logró eliminar a un régimen molesto, la crudeza de las nuevas revelaciones dejan un sabor amargo. Esos documentos, reproducidos en dos discos compactos, demuestran que el posterior terrorismo de Estado, con su secuela de crímenes políticos, tuvo su antecedente en esa fatídica intervención estadounidense.
UNO DE LOS HECHOS más asqueantes es conocer que la CIA distribuyó en Guatemala su manual de asesinatos políticos, con el fin de liquidar a los izquierdistas chapines. En la interesante entrega noticiosa que hizo el reportero Martín Rodríguez desde Washington se señala que hubo una lista de 50 políticos guatemaltecos, sobre quienes había orden de matar. Según Gerald Haines, ex historiador de esa agencia de inteligencia, el manual circuló entre los mercenarios norteamericanos enviados a Guatemala. Y una de las grandes glorias de esa época, el embajador gringo John Peurifoy, es mostrado de cuerpo entero como uno de los cerebros detrás de ese plan de asesinatos. Incluso existen documentos, como el identificado con el número 131, que confirman que Peurifoy estuvo involucrado en la elección de las posibles víctimas.
ES INDUDABLE que este tipo de manuales inspiró la posterior matanza de opositores a los regímenes de turno, acentuada a partir de los años sesenta. Basta conocer algunos párrafos de tal manual para saber el origen de la posterior forma de operar de las bandas paramilitares. “El asesinato no es moralmente justificable, (pero) matar a un líder político, cuya floreciente carrera es un peligro a la causa de la libertad, puede ser necesario (...) El asesinato tiene que hacerse a conciencia; alguien con moral tímida no se toma en cuenta”, dice el manual de la CIA. El instructivo aleccionaba que un crimen político podía llevarse a cabo como un accidente, en una acción armada, con bombas o envenenamiento. En el caso de efectuar un “asesinato terrorista”, aleccionaba que el sicario debía recibir las órdenes de manera verbal, para no dejar evidencias comprometedoras.
LOS ARCHIVOS destapados por la CIA y el Departamento de Estado norteamericano también le quitan toda la legitimidad a los liberacionistas sobre su supuesto amor por la patria al derrocar a Arbenz. Con pelos y señales los documentos desclasificados dejan ver cómo la caída del régimen de Arbenz fue obra del embajador Peurifoy, quien empleó a títeres guatemaltecos, como el coronel Carlos Castillo Armas, y quienes suscribieron la llamada declaración de Tegucigalpa. No eran patriotas, eran mercenarios. La lucha contra Arbenz fue una mezcla de acciones enmarcadas en la guerra fría y el objetivo de botar a un gobierno que había osado confiscar tierras a la United Fruit Company. Según el historiador Piero Gleijeses, “nunca se cuestionó si en verdad (Guatemala) era un peligro para la seguridad nacional norteamericana, nunca se consideró si la URSS tenía en realidad contactos, nunca se buscó una alternativa”.
EL IMPACTO de esa tragedia no debemos verlo solo en términos históricos: La intervención norteamericana provocó el posterior militarismo, cuyas secuelas aún vivimos en Guatemala. Pese a ello, considero que la decisión del Departamento de Estado de dar a conocer esos expedientes es positiva porque nos ayuda a comprender lo ocurrido hace medio siglo. Además, porque sirve para definir la responsabilidad histórica de Estados Unidos en nuestra traumática historia política. Pero eso no implica olvidar las responsabilidades. Si bien en la actualidad ese país tiene una actitud diferente hacia Guatemala, principalmente con el apoyo al cumplimiento de los Acuerdos de Paz, lo cual es plausible, no se puede soslayar que ahora trata de apagar el fuego que una vez encendió.
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