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Guatemala, 01 de Junio de 2003

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Cultura

La nueva clase
Metropolitánicamentehablando
Por: Juan Carlos Lemus

Foto de portada

Clase media, clase medio alta, clase medio medio, clase plan económico... ¿en qué lugar nos ubicamos?

Donde sea, para nuestra suerte, usted y yo estamos al margen de cierta clase media de lo más extraña que surgió hará ya unos 15 años. Es un “American dream”, sólo que a lo chapín. Los hombres toman cerveza en lata y tienen a una empleada en casa a la que se dirigen con tono de magnates. La “meten” al carro los domingos cuando salen de paseo a Price Smart.

La dueña de la casa, llena de chirulos en la cabeza, le dice “m'ija te encargo que lavés la estufa, dejás puesta la lavadora y en cuanto tengás tiempo le das la comida al loro”. Sus hijos tienen bicicleta, patinetas que dejan tiradas en el jardín, tal como lo hacen los niños bostonianos en la tele. Desayunan los domingos en Mc Donald's o en Burger King.

El papá lava el vehículo los días de feriado; usa pantalonetas hasta las rodillas y se le ven las espinillas peludas, chancletas plásticas y camiseta sin mangas. Mientras lava, escucha a todo volumen en su Pionner La Sabrosona, la Tropicálida o la K Buena. Retuerce el trapo mojado sin quitarse el reloj de pulsera.

A la entrada de su casa tiene un rótulo que dice: “Welcome”, o “The López Family”. Tal como se ve en la tele, instalan un aro para que sus hijos jueguen básquet en el garaje. En la sala tienen colgadas dos lámparas-ventilador.

Algunos de ellos tienen hijos de 15 años que manejan velozmente por los centros comerciales, con el radio a todo volumen y no ceden el paso a los peatones; hablan con autoridad y se saben con pisto y bien vestidos, pero al mismo tiempo se saben sin pisto y mal vestidos. Es un estado catabólico que los hace sentirse como la famosa India María: “Ni de aquí ni de allá”.

Las señoras manejan mientras platican por teléfono, frenan intempestivamente en cada amarillo, meten la trompa del auto para pedir vía, y “hacen súper” con la patoja al lado. Por “la patoja” entendamos a una joven indígena a la que no le dan feriado ni los domingos, le pagan miserablemente y la creen afortunada porque le dan hamburguesas, helados Pop's y regalos para Navidad.

A veces, por dárselas de cultas y de que tienen “gustos exquisitos”, las señoras clase medio medio escuchan “música clásica”. Por ésta entienden las tonadas de supermercado que tocan Raúl di Blazio y Richard Claydermann. En vez de té a las cinco de la tarde toman gaseosa en pocillo o un pichel de Toki que les hace la patoja.

Tienen veinte clases de plantas sembradas en el jardín, en un pedazo de metro. A los lados de la puerta de entrada está lleno de rosas, buganvillas, Mano de león, orquídeas, Malas madres y Malenas amontonadas como se ven en los mausoleos. (Yo no sé qué son las Malenas, pero ya es hora de que alguna planta se llame de esa manera).

No obstante las costumbres y la apariencia personal han cambiado, seguimos siendo tímidos. La mezcla de timidez y hostilidad en las familias medio medio produce arranques de carcajadas a todo volumen en las cafeterías.

El señorón habla a gritos por su celular, en la calle o en la peluquería. Cuando está en una reunión de padres de familia, interrupe:

“Aló, sí, estoy en una reunión de padres de familia... En una reunión... ¿Aló?... que estoy en una reunión de padres de familia... te llamo después... Pero mirá, te encargo que le llevés los datos al licenciado... Sí pues, ajá... vaya, no tengás pena, me llamás más tarde porque estoy en la reunión... O mejor te doy una llamadita yo cuando salga de la reunión... Sí... ... Sí, Okey, pues... bueno, te llamo...”.

Dejan sus carros parqueados a la orilla de la vecindad, casi a media calle; se carcajean cuando alguien se cae; creen que los palillos se utilizan para limpiarse los residuos de comida entre los dientes; suelen ser racistas; tratan de vos al chiclero; tiran escupitajos en la calle; ponen ventanales góticos, columnas salómicas y puertas de metal en la fachada de su casa.

Como decía al principio, por suerte usted y yo estamos excluidos. No somos racistas ni escuchamos a todo volumen los éxitos del momento frente a los hospitales, tampoco explotamos a “una patoja”, ni nos registramos los dientes con los palillos.

Puede que tengamos lámparas-ventilador en la sala y un bonito rótulo que dice “Welcome”, incluso Malenas a la entrada de la casa; puede que nos encante oír la Tropicálida que tan bonitos éxitos musicales transmite, pero todo valdrá más la pena si nos pasa encima la sentencia de mi abuela, quien decía: “Ojalá que tanto pisto se les convierta en buena educación”. Feliz domingo.

 

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