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Piezas Mayas bajo el agua
Museo: Lacustre Atitlán expone arqueología maya encontrada por buzos en las profundidades del lago
Por:
Crista Kepfer
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| El museo está ubicado en el hotel Posada de Don Rodrigo, Panajachel, y cuenta con una colección de 100 piezas mayas, entre incensarios, ollas y urnas. |
En las profundidades de las aguas azules del lago de Atitlán, un grupo de buzos encontró un misterio: restos de arqueología maya, que ahora es expuesta en el Museo Lacustre, en Panajachel.
Urnas, incensarios, ollas y vasijas conforman la colección de más de 100 piezas de arqueología subacuática, recolectadas en los últimos 10 años.
Desde el ingreso al salón de exhibiciones se siente un ambiente distinto: melodías en guitarra de fondo, carteles que explican el origen del lago y luces colocadas de forma que resalten la belleza de las piezas.
“Da gusto ver un museo de este nivel en Guatemala; es como uno de Nueva York”, expresa Richard Yates, un turista de Ohio, Estados Unidos.
En lo profundo del lago
Existen muchas teorías que explican cómo llegaron las piezas al fondo del lago. “Se cree que muchos de estos objetos fueron arrojados como ofrendas por enfermedades o muerte”, explica Roberto Samayoa, el buzo que encontró varios de éstos.
Otra explicación es que pudo haber existido una ciudad bajo el agua. “Se han visto restos de muros”, agrega Samayoa.
Algo característico de los restos es que no todos pertenecen a una misma época, sino a los tres períodos mayas: preclásico, clásico y posclásico, que van de 1500 aC hasta el 1524 dC., o sea mil años.
La mayoría fueron halladas cerca de San Lucas Tolimán, San Pedro, Cerro de Oro y Santiago Atitlán.
Colorido distinto
Al contrario de las piezas mayas antiguas, cuyo color natural es el del barro, las encontradas bajo el agua tienen tonos rosados.
“No siempre han sido así; meses después de que las sacamos del agua tomaron este color”, explica Samayoa.
Este cambio se debe a una reacción química entre los rayos ultravioleta del sol y los minerales del agua.
Otra característica de las piezas es que tienen una especie de costra, que da la impresión de ser coral marino.
“Son costras calcáreas formadas por los sedimentos minerales que se asientan durante cientos de años sobre las piedras en el fondo del lago”, agrega.
Aparte de las características físicas, las piezas representan aspectos importantes de la cultura maya.
Entre las más elaboradas están los incensarios, utilizados para rendir culto a sus dioses.
“Muchos tienen cruces, que representan los cuatro puntos cardinales”, cuenta Carmen Ajcalom, guía del museo.
Estas piezas con forma de cilindros, zapatos y hasta animales, también tienen espinas, las cuales representan el tronco de la ceiba, el árbol nacional.
Una de las piezas más interesantes es una olla que tiene dibujos de volcanes invertidos. “Según los ancianos mayas, sus antecesores usaban el lago como observatorio astronómico, veían el reflejo del cielo y por eso están los volcanes al revés”, dice Samayoa.
Historias como esta demuestran la importancia de conservar los museos. “Es una ventana científica para hacer una investigación más completa sobre el lago de Atitlán”, concluye Samayoa.
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