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EDITORIAL Estado, Economía y Democracia
Otra relación importante que debe ser analizada cuando se habla de democracia, es la existente entre esta forma de gobierno con la economía y con el Estado. El retroceso que afronta la democracia en América Latina se debe a que económicamente los problemas son peores a como eran cuando el continente no era demócrata, según el informe presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y al cual nos referimos ayer.
Los datos no dejan lugar a interpretaciones: aunque ha habido avances en reforma económica, el crecimiento del PIB real per cápita no tiene relevancia, se mantiene la pobreza, y han aumentado el desempleo y la informalidad laboral, todo ello dentro de una población que crece con índices muy altos.
Es en ese marco que es necesario preguntarse de la relevancia que tiene la democracia para los 209 millones de latinoamericanos pobres, así como la ahora notoria incapacidad del Estado para controlar a los poderes fácticos que evaden la ley e imponen sus intereses.
Pero el desarrollo económico también debe ser medido en forma distinta. Desde hace un tiempo se habla del desarrollo humano sustentable, y aunque el informe no lo menciona, es obvio que este concepto encaja. Por aparte, es interesante señalar que los encuestados apoyan mayoritariamente, con un 70.3%, la intervención del Estado en la economía y el 26.4% prefiere al mercado.
Esto debe tener relación con los resultados obtenidos por la venta de activos del Estado en las privatizaciones de bienes y de servicios, que en muchos casos no han proporcionado los beneficios anunciados.
Otro de los criterios novedosos del informe se refiere a la necesidad de que al pensar en soluciones a los aspectos económicos, se deba anteponer los criterios políticos, entendidos estos como la forma de ayudar a construir la gobernabilidad, que se define como la capacidad del sistema para mantener el control de las diversas fuerzas integrantes del conglomerado social. Esto no significa tomar decisiones politiqueras, sino no reducir el análisis a los aspectos puramente económicos, que constituyen un cómo hacer algo, pero no pueden sustituir a la decisión de qué hacer.
En ese sentido, resulta urgente hacer que la política, no la politiquería ni las actividades partidistas, sean renovadas, revalorizadas y fortalecidas a través de la participación, a fin de que se pueda discutir sobre el papel del Estado para fortalecer la democracia, y desde esta perspectiva escoger las políticas económicas y su impacto sobre la democracia y sobre la aceptación de los ciudadanos.
Como todos los informes similares, este será motivo de discusiones y de interpretaciones y críticas. Pero no se le puede señalar como el producto de las ideas de una serie de personas más o menos bien intencionadas pero teóricas, sino como el reflejo de lo que los latinoamericanos pensamos acerca de estos temas. Es desde esa perspectiva desde la que el reporte pronto será convertido en uno de los más importantes órganos de consulta para tomar las difíciles decisiones que requiere la realidad actual del continente.
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