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ALEPH ¿Más diputados y menos cultura?
No estoy de acuerdo con la idea de fusionar Educación y Cultura.
Por:
Carolina Escobar Sarti
En Guatemala, los “secretos” duran muy poco en el mínimo espacio que va de la boca de una persona al oído de la otra. Y de esa forma nos enteramos “extraoficialmente” de algunas verdades y de muchas más mentiras.
Hablando del tema de la reorganización del Estado, hace pocos días me susurraron al oído que iban a fusionar el Ministerio de Educación con el Ministerio de Cultura. Como es apenas un rumor, decidí hacer una reflexión al respecto. Inevitable hacerme preguntas como ¿por qué tenemos dinero para mantener a tanto diputado inútil en el Congreso (por ejemplo) y no tenemos para respaldar un tema de tanta importancia como el de la cultura?
Que no hay dinero, es verdad; que necesitamos apretarnos el cincho, nadie lo duda; que la responsabilidad de sacar adelante al país es de cada hombre y mujer que lo habita, es innegable. Pero pasar el rasero por las instituciones del Estado con mentalidad de empresa, de sector o de tribu política, sería un error mayúsculo.
Si la reingeniería del Estado guatemalteco ya cruzó la línea de salida, sólo nos queda confiar en los criterios estratégicos, en la capacidad demostrada, en la visión de largo plazo y en las buenas intenciones de quienes tienen la responsabilidad de tal reorganización.
No estoy de acuerdo con la idea de fusionar Educación y Cultura, por varias razones: la primera, es que ningún país civilizado carece de una instancia cultural de alto nivel. Los países más desarrollados han reconocido en la cultura un asidero para el fortalecimiento de la identidad de sus pueblos.
En Guatemala, donde apenas empezamos a sacar la cabeza en este tema, necesitamos instancias de alto nivel que evidencien la importancia de la cultura y nos recuerden que ésta no significa sólo hablar sobre los pueblos indígenas o las bellas artes, sino sobre todo construir una red de significados basada en las manifestaciones culturales de todos y cada uno de los pueblos.
En segundo lugar, ¿cuánto nos ahorraríamos con esta fusión? Partimos de que se trasladarían al Ministerio de Educación todas las direcciones y jefaturas del Ministerio de Cultura, a excepción de los despachos ministerial y viceministerial.
Con esta acción, no sólo le estarían quitando a Cultura su jerarquía, sino que el ahorro sería mínimo, sobre todo sabiendo que este Ministerio ha recibido siempre las migajas del presupuesto nacional. Por ahorrarle unos Q10 millones anuales al Estado, estaríamos perdiendo el espacio nacional e internacional que la cartera de Cultura se ha ido haciendo con mucho esfuerzo.
En tercer lugar, reconocidos especialistas en este campo, señalan que la cultura no es un tema más, sino que en este siglo se le reconoce como EL tema. Cultura tiene el mismo estatus que educación, salud, economía, etcétera; no somos capaces de valorarlo aún, pero es determinante. Vuelvo a citar al chileno, Dr. Patricio Rivas, cuando señala que “la cultura permite develar y contener las tendencias autoritarias que emergen en los órdenes políticos y sociales” y que su minimización “pone en riesgo la preservación y expansión de la inteligencia social y el bienestar humano”.
Por lo anterior, y en cuarto lugar, no deberíamos darle una responsabilidad más a la titular del Ministerio de Educación. Si no es sencillo conocer y manejar el tema educativo, las cosas se complicarían si adicionamos lo cultural. Como decía antes, cultura es mucho más que sólo dar una marimbita o apoyar una obra de teatro; la cultura se ha convertido en un elemento central dentro de la definición de las grandes políticas de Estado y su concepto se ha ampliado enormemente.
La cultura nos sirve para preservar la memoria y dibujar nuestro sentido de identidad y pertenencia. En la actualidad, es una importante disciplina de estudio en grandes universidades del mundo, y los gestores y promotores culturales ya no son producto de la improvisación.
Guatemala se merece procesos desideologizados y despolitizados de ordenamiento. Estamos dispuestos a practicar la austeridad y a reconocer necesarios procesos de reajuste que nos permitan salir adelante, pero todo suena a cinismo cuando nos damos cuenta de que estamos manteniendo a más diputados, cuando sabemos que habrá que destinar dinero para militares y ex militares que por años no han hecho nada, y cuando vemos que hay empresas que evaden cantidades millonarias al fisco.
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