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CATALEJO Nuevas leyes no solucionan nada
El problema de los partidos políticos no se soluciona con leyes, porque no hay voluntad de obedecerlas.
Por:
Mario Antonio Sandoval
CÓMO SOLUCIONAR el problema del fracaso de los partidos políticos en Guatemala, es en realidad difícil. Según dice en su columna de ayer el colega Gustavo Berganza, se debe buscar en mejorar la ley respectiva. Yo no soy optimista, porque de nada sirve tener la mejor legislación del mundo si no se tiene el convencimiento de la necesidad de obedecerla, y si tampoco hay castigo para quien lo haga. Los partidos políticos son ahora una verdadera tragicomedia mientras continúe el caudillismo, como señala coincidentemente ayer mismo Pablo Rodas Martini también en El Periódico, la figura del partido político está condenada al fracaso, como lo demuestra hasta la saciedad el caso guatemalteco y está en crisis aun en los países con tradición partidista.
PERO EN EL primer artículo mencionado hay una idea digna de ser motivo de análisis. Si los partidos fracasaron, si no tienen democracia interna, ni programas, ni presencia fuera de las etapas electorales, ni presencia en la totalidad del territorio, no se puede pensar siquiera en la posibilidad de convertirlos en entes representativos de los intereses comunes de la sociedad. De hecho, los partidos se están convirtiendo, aun en los lugares de partidismo avanzado, en agrupaciones de sectores sociales. Por ello se habla de ideas como el Partido Femenino, o el Partido Maya, por ejemplo, agrupaciones en todo caso similares a los partidos llamemos “no especializados” en cuanto a no tener realmente una representación del grupo social de donde se originarían.
CONVERTIR AL CACIF en un partido, o a la Plataforma Agraria, por mencionar los ejemplos señalados por Gustavo Berganza, al menos tendría el punto válido de tener aunque sea sólo la posibilidad de ser más representativos de una clase social. ¿A quién representa el FRG? ¿Los partidos de la GANA? ¿La UCN, en su momento? Es muy claro: las ideas, sueños o intereses de una persona o de un grupo muy reducido, sin ninguna posibilidad de representar a nadie dentro del espectro social. La posibilidad de representación de grupos como los señalados al principio de este párrafo, es un poco mayor. Al menos tienen una posible similitud de criterios entre sus miembros, lo cual no ocurre en ninguno de los supuestos partidos existentes hoy en día.
ASUMAMOS POR UN momento la idea de iniciar el arduo camino de la organización de partidos políticos como debe ser. ¿Cómo iniciarlos cuando el desprestigio total ha provocado el rechazo de sectores tan importantes como los jóvenes, las mujeres o los indígenas? No veo la manera. La necesidad de hacer alianzas, algo fundamental en política, podría llenarse con agrupaciones cuya membresía tenga coincidencias en cuanto a nivel económico, educativo, etcétera. Admitir esa realidad sería mejor para darle oportunidad al sistema democrático, pues como dice Pablo Rodas Martini, en este momento ni siquiera hay crisis en los partidos, sino un estado vegetal. Siguiendo ese símil, los vegetales no pueden trasladarse por sus propios medios…
LOS PARTIDOS políticos como funcionan hoy, son inoperantes. No pueden hacer nada. El reto es grande, porque una sociedad necesita de representantes legítimos, válidos, para evitar el triunfo de los chávez sueltos por el mundo. Pienso en los diputados de la flamante URNG, apoyando el inmoral aumento de Q10 mil mensuales, o de los ex guerrilleros ahora eferregistas haciendo lo mismo, colocándose de espaldas a la sociedad. No es cuestión de sanar a los partidos, sino de hacerles la autopsia. La época de ellos ni siquiera pasó. Tal vez nunca fue realidad en Guatemala. Tal vez los guatemaltecos inconscientemente queremos un rey todopoderoso, y por esa causa andamos buscando alguien capaz de solucionarlo todo, sin ver la utopía de tal idea.
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