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EDITORIAL Unidos en contra de la inseguridad
Basta ya, es la consigna no escrita, pero profundamente sentida y reiteradamente manifestada por los dirigentes de las 400 organizaciones civiles que integraron ayer el Frente Nacional contra la Violencia, para exorcizar desde sus respectivas trincheras a ese demonio que se ha robado la tranquilidad de todos los guatemaltecos.
La loable iniciativa del procurador de los Derechos Humanos es oportuna y necesaria. Por ello confiamos en que los ejes de trabajo del Frente se constituyan en una especie de auditoría social para exigir al Estado una acción frontal, valiente y decidida en contra de la delincuencia.
Ponderamos la respuesta ciudadana a la invitación a integrar el Frente. De la lectura de esa actitud se derivan varios mensajes, el primero del cual puede ser la resuelta disposición de los guatemaltecos a no seguir de rodillas ante el crimen y, al contrario, señalarlo, denunciarlo y combatirlo con las armas permitidas por la ley.
Por otro lado, hay un contundente reclamo al Estado, de que no puede seguir rehuyendo su deber de garantizar a los habitantes del país la vida, la seguridad, la justicia, la libertad y la paz, como lo señala la Constitución de la República. En este sentido, el llamado de atención es claro e inequívoco para el Ministerio de Gobernación, la Policía Nacional Civil, los tribunales de justicia y el Ministerio Público.
Por sus objetivos de coadyuvar a una política de seguridad democrática, combatir al crimen organizado, fortalecer la justicia y sensibilizar a los ciudadanos en contra de la violencia y a favor de una cultura de paz, el Frente tiene la posibilidad de constituirse en un canal de expresión de las inquietudes sociales, pero también -y tal vez lo más importante- de hacer acopio de denuncias para desenmascarar a los responsables del actual baño de sangre.
Uno de los grandes vacíos en la raquítica lucha estatal en contra de la violencia proviene de la falta de colaboración de los afectados y de la población en general para identificar a los delincuentes, lo cual tiene su origen en la pérdida de confianza en la Policía Nacional Civil, en especial porque algunos de sus miembros integran bandas de maleantes.
Sin duda, el Frente será de gran ayuda en el combate del crimen. Ahora falta que el Gobierno envíe señales claras de una actitud renovada para salir del actual letargo, caracterizado por la falta de resultados ante la infinidad de hechos delictivos que tienen aterrorizados al país.
Como instancia de acopio y catarsis del clamor público por la paz y la justicia, el Frente merece el apoyo granítico de todos los guatemaltecos dispuestos a no tolerar más embestidas del crimen. La razón más convincente es que unos pocos sicópatas no pueden tener por más tiempo atados a su demencia a 12 millones de habitantes de una nación laboriosa y honrada, merecedora de un mejor destino.
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