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CONTRASTES Sólo mil millones
Todos buscamos ponernos al día con los últimos gritos de la moda.
Por:
Conrado Alonso
Como si esto fuera jauja -proto- tipo de prosperidad y riqueza-, el Ministerio de la Defensa ha determinado que el proyecto de modernización del ejército nacional tendrá un costo de ese montón de millones de quetzales al principio citado y que, al final de cuentas, podría recibir.
Recibir, digo, porque fuera del paréntesis abierto por el conglomerado de colectivos que reclaman atención y solución a sus problemas, tierra, salud, educación y otros, está visto que las exigencias castrenses siempre han gozado de una inmediata y desproporcionada prioridad.
No es, sin embargo, motivo éste para seguir despotricando contra el ejército insaciable que, como institución del Estado, mantiene su razón de ser y de estar a su lado. La cúpula es lo más preocupante por los continuos y variados ejemplos de corrupción, que no hará falta recordar.
A esa cúpula -y espero que nadie ose tipografiarla como cópula final del baile de los millones- se le ocurre hablar de modernización que abarca equipo de movilidad terrestre, aérea y marítima, e indumentaria de la tropa cuyo costo, una vez reducida, no debe ser excesivo ni caro.
La modernización, pues no está mal pensada ya que todos buscamos ponernos al día con los últimos gritos de la moda, aunque no creo que vayan a calzar a la tropa con “Addidas” o “Rockport”, y adquirir, a golpe de tarjeta de crédito, el ultimísimo “Jaguar” recientemente importado.
Mucho antes de la modernización, en tiempo y en importancia medular, hay otros conceptos más imprescindibles para el buen nombre de la cúpula militar, como son la adaptación a los nuevos tiempos y la identificación con la nueva sociedad urgida toda de mentes sanas y correctas.
Prefiero hablar de identificación en vez de transformación, porque ésta es una simple mutación de formas, y si la cúpula militar va a seguir enfrascada en su tinte de poder, por muchas formas de mayor movilidad que adquiera seguirá inmutable, alejada del todo social nacional.
Tiene de bueno el proceso de adaptación e identificación que no necesita mil millones de quetzales para ir implementándolo, y que no dicen si los quieren ya, a tocateja. Mejor se ubican entre los pacientes del San Juan de Dios cuya salud requiere pronta atención. Hala, ¡a la cola!
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