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CARA PARENS Desempleo y autoridad
Guatemala tiene derecho a recuperar la senda del éxito.
Por Hosy Orozco
Hace algunos años muy pocos podían ingresar a la universidad. Por el contrario, ahora es más fácil acceder a la universidad, pero muchos graduados no consiguen trabajo. En Guatemala no es raro ver estudiantes que abandonan su formación, para “hacer dinero” por otra vía que no requiera mayor formación.
Este fenómeno empieza a develar la paulatina “devaluación” de los títulos. Vemos “licenciados” haciendo esfuerzos por conseguir su primer empleo, o empleados en tareas que no corresponden a su cualificación.
Este problema tiene diversas causas, la saturación de algunas profesiones, la poca demanda de otras o la deficiente formación. Sin embargo, si bien el título universitario no garantiza un empleo, no cabe duda que ofrece mejores posibilidades para conseguirlo.
Además, no podemos negar el importante aporte de las universidades, en la formación de buenos y brillantes cuadros profesionales, empresariales y políticos. Tampoco podemos negar que en sus aulas, han estudiado algunos causantes del retraso de nuestro país.
Pero el mayor problema radica en que la mayoría de egresados, viven su éxito profesional en medio de una sociedad que pareciera fracasada. En otras palabras, la formación profesional de las universidades pareciera no estar incidiendo en el desarrollo y éxito de nuestra sociedad.
Guatemala tiene derecho a recuperar la senda del éxito. Para lograrlo necesita urgentemente formar cuadros técnicos de alto nivel, y profesionales exitosos, generadores y promotores de empleo y riqueza. Pero con una condición: que tengan sólidamente formada su estructura ética.
Es decir, que tengan clara conciencia que no todo lo que se puede hacer, se debe hacer. Que tengan la capacidad de discernir cuál debe ser su conducta, cuando lo que les pide su empresa o institución, atenta contra su conciencia o contra los intereses más importante de la sociedad.
Si este tipo de empresarios y profesionales llegan a gobernar nuestros pueblos, quizás la población pueda “auparlos” (“autoridad” proviene del vocablo “aupar”, augeo). La autoridad se tiene cuando el gobernante es aupado, por aquellos a quienes dirige. Tienen más autoridad quienes más a disposición están de los demás. Al contrario, en la medida en que el gobernante acude a la fuerza y la coacción, su dirección será más despótica y menos aceptada.
Si este es el tipo de profesional que forman las universidades, estos centros seguirán teniendo sentido. Porque, además de preparar para el empleo, serán el lugar privilegiado para formar líderes que ejerzan este tipo de autoridad, la autoridad de servir.
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