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Horrores idiomáticos y algo más: “Serendipity”
Por:
María del Rosario Molina
En verdad, el lugar donde se desarrollan los acontecimientos ahora se llama Sri Lanka
Hay en inglés una palabra inexistente en español, que ya debería tener equivalencia y un lugar en el DRAE: "Serendipity", cuyo significado es, más o menos, hacer descubrimientos útiles por casualidad.
El término parece sacado de Las mil noches y una noche (el título original de los fantasiosos y lascivos cuentos del mundo arábigo, o más bien dicho, musulmán, traducidos por el doctor Mardruz al francés, vertidos por Blasco Ibáñez al español, y no tan inocentes como la adaptación para niños de Galland, llamada Las mil y una noches).
En verdad, Serendip, el lugar donde se desarrollan los acontecimientos, existió -ahora se llama Sri Lanka y fue parte de la India. Un escritor inglés del siglo XVIII, Horace Walpole, autor del cuento fantástico que sucede en dicha región, hizo famoso al legendario reino.
Se trata de las aventuras de tres príncipes que visitan sus dominios y mientras viajan hacen descubrimientos por casualidad.
En los últimos diccionarios del Webster el vocablo figura con las siguientes acepciones:
1. Aptitud para descubrir cosas deseables por casualidad, 2. buena suerte, aptitud que poseían los tres príncipes de Serendip, del cuento fantástico de Horace Walpole. 3. Buena fortuna, buena suerte.
De acuerdo con la primera acepción, "serendipity" debió de ser el descubrimiento que algún lejano antepasado prehistórico hizo de las llamas que incendiaban un bosque. Ese antecesor notó las ventajas del fuego: no sólo daba calor, sino cocinaba los alimentos. "Serendipity", combinado con talento, fue también el hallazgo de la rueda, cuando un par de troncos caídos rodaron y acarrearon consigo algún elemento útil o inútil.
No son serendipity en cambio, la domesticación del caballo ni la manufactura de armas para defenderse. Esa fue obra de la necesidad.
Tampoco fue "serendipity" demostrar la certeza de la teoría heliocéntrica, las leyes de la gravitación universal, la teoría de la relatividad, etc., fruto de interminables horas de estudio y de cálculos matemáticos que los genios que las lanzaron debieron realizar.
Algunos inventos han surgido del serendipity, aunque la mayoría son el resultado, como los descubrimientos, del esfuerzo del hombre por mejorar.
Por simple casualidad yo puedo encontrar un maletín perdido con un millón de dólares, cuyo dueño haya dejado escrita adentro una nota diciendo que le pertenecerá a quien lo encuentre, o localizar, justo a tiempo, a una araña venenosa que dormía apaciblemente en mi cama.
Por casualidad, también, alguien puede descubrir que bajo sus tierras yace un manto de petróleo, cuando en lugar de brotar agua de un pozo recién hecho sale oro negro, o puede encontrarse con que en la verde jungla inexplorada aparecen vestigios de antiguos templos de civilizaciones precolombinas.
Todo eso es "serendipity en su tercera acepción, equivalente a buena fortuna, buena suerte.
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