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EDITORIAL Tras la imagen de destino seguro
La recuperación de la actividad turística recibió ayer un buen espaldarazo con el plan de seguridad gubernamental destinado a resguardar la integridad de quienes visitan el país.
Sin embargo, la medida de aumentar el número de policías para vigilar las carreteras fronterizas con El Salvador, Honduras y México servirá de poco, si no son desarticuladas las bandas de asaltantes que, como se comprobó en casos recientes, entre ellos la muerte de un estadounidense, se desplazan por diversas rutas para burlar la vigilancia policiaca.
Otro aspecto fundamental es la confiabilidad de los agentes asignados para reforzar a las fuerzas regulares de la Policía Nacional Civil (PNC) y a la Policía de Turismo (Politur), por los alarmantes niveles de corrupción en esa fuerza, hasta el extremo de que algunos de sus integrantes han sido señalados de integrar bandas de asaltantes de turistas, o de montar puestos de registro en las carreteras, los cuales han devenido en verdaderos infiernos de extorsión, robo y arbitrariedades, algunas de las cuales han llegado hasta el secuestro y la ejecución extrajudicial de las víctimas.
Este es, sin duda, el tema más sensitivo del plan, porque se involucra a la misma institución y a las mismas personas sobre las cuales pesan serias objeciones ciudadanas que el Gobierno maneja con excesiva parsimonia.
Además, existen otros aspectos que deben atenderse en beneficio de esa actividad económica, como el mantenimiento de carreteras, la infraestructura en centros turísticos, los servicios municipales, entre ellos el ornato; el aprovechamiento de áreas inexplotadas, el fomento del empresariado comunitario turístico y el mejoramiento del trato a los turistas.
Como se ve, esta actividad se debe enfocar con una visión integral que implique una mejora real en todos los órdenes. De otra manera, el beneficio de una medida de seguridad como la ahora comentada, puede afrontar traspiés si el país carece de los medios para dar una atención solícita y esmerada a los visitantes.
Por ejemplo, en el área de la infraestructura, la mayoría de las carreteras se encuentran dañadas, debido al abandono del gobierno anterior. Hay situaciones extremas, como la ruta a Tikal, llena de baches, o que Melchor de Mencos, la entrada a Guatemala por Belice, carezca de carretera y cuente apenas con una brecha convertida ahora en fangos, por las lluvias. Esto último constituye una vergüenza nacional que en el territorio vecino es motivo de burlas y bromas referidas a las miserias nacionales y las pretensiones sobre la ex colonia británica.
Hay infinidad de actividades en las cuales se pueden involucrar los guatemaltecos que tienen algo que mostrar en áreas tan variadas como las artesanías o las expresiones culturales. Sin duda, en el potencial dormido del turismo reside el futuro económico del país.
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