|
EDITORIAL Cobijas de amor para desvalidos
La súbita llegada del frío del fin de año, esta vez inusitadamente bajo, ha tomado de improviso a los guatemaltecos, desacostumbrados como estamos a que la naturaleza no tenga el clima benigno que fue la razón para que hace algunos años se pudiera llamar a Guatemala “la tierra de la eterna primavera”.
Esa particularidad de los elementos obliga a que se afiance el sentimiento de solidaridad hacia aquellas personas que no tienen posibilidades de resistir las bajas temperaturas.
El efecto del frío puede ser mortal para quienes deben vivir guarecidos en algún rincón de un edificio o cubiertos de andrajos en aceras y parques, pero también para los ancianos desamparados, las familias que subsisten en las barriadas y en las covachas apenas sostenidas en los barrancos capitalinos.
Ya empezó la lista de víctimas, y es el momento de que se hagan esfuerzos por aliviar el sufrimiento de estas personas.
Por eso, Prensa Libre ha iniciado la campaña “cobijas de amor”, pero también la Municipalidad capitalina ha desarrollado el programa de albergues para los indigentes.
Existen numerosos casos de instituciones que se preocupan por esta clase de necesidades de los desposeídos.
Si bien es cierto que las necesidades superan con creces a las posibilidades prácticas de solucionar, no menos cierto es que al menos algunos de los necesitados tendrán la posibilidad de aliviar siquiera en algo sus penas, pero además aumentará el número de personas que quedarán conscientes de la necesidad de acciones solidarias como las aquí señaladas.
Los cambios climáticos en Guatemala tienen manifestaciones como el hecho de que desde hace algunos años para las fiestas de Navidad hay necesidad de calentarse al lado del fogón en lugares tan tropicales como Río Dulce o Petén.
Esto es resultado de las alteraciones del clima en el mundo, por causa del efecto invernadero, del aumento de contaminación del aire a consecuencia de los gases de las fábricas y así una larga lista de hechos que poco a poco convencen a más cantidades de personas acerca de la certeza de las predicciones científicas, muchas veces calificadas de alarmistas por personas y entidades con intereses específicos.
Esta consideración viene al caso porque no es necesario ser un científico para saber que los fríos de fin de año en los trópicos no sólo continuarán, sino que aumentarán.
Esto tendrá un efecto social muy serio, porque obligará a las personas de escasos recursos a tener viviendas menos endebles, ropa más abrigada, y todo esto se traducirá en un aumento de los indigentes, en sociedades en que las condiciones sociales ya son malas para gruesos sectores de la población.
Los efectos más serios serán en las ciudades y en las áreas cálidas, donde la ropa y las viviendas no están preparadas para resistir el frío.
Además de solidaridad con quienes sufren por el gélido clima adverso, la sociedad guatemalteca debe prepararse para los efectos de los cambios en el clima, porque a la mitad del año habrá problemas provocados por el fenómeno contrario, cuando la gente podrá morirse de los efectos del calor.
|