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EDITORIAL Depuración en la PNC, tarea indispensable
El anuncio ayer de una primera etapa de depuración en la Policía Nacional Civil (PNC) por parte del ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, es una noticia positiva para la población, frustrada hasta ahora por la poca efectividad de las fuerzas de seguridad en la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado.
El grado de inseguridad que se vive en el país ha convertido ésta en el principal problema para la población, tal como lo demuestran los estudios y encuestas sociopolíticas que han llevado a cabo diferentes instituciones y medios de Prensa, en los que se expresa una crítica al Gobierno por la incapacidad mostrada hasta el momento.
Si bien es cierto que existen múltiples factores que influyen para que haya tanta inseguridad, nadie ignora que una de las causas principales es el poco profesionalismo de la PNC, una institución que empezó a mejorar entre 1996 y el año 2000, pero que con la llegada del FRG al poder se desmoronó completamente, hasta convertirse en otro bastión para la corrupción y las bandas organizadas.
En los últimos meses, ha quedado al descubierto que dentro de la PNC operaban verdaderas bandas delincuenciales, al extremo de estar vinculadas a las bandas de secuestradores y asaltabancos, dos de los flagelos que golpean a nuestra sociedad y que giran en torno al crimen organizado.
Durante cuatro años, el FRG permitió que las mafias llegaran a controlar la mayoría de actividades delincuenciales del país, pero fomentó también el involucramiento de las fuerzas de seguridad, particularmente la PNC, que se vio infestada de agentes y oficiales vinculados de forma directa con bandas bien organizadas.
Las nuevas autoridades no han sido todo lo efectivas que debiesen para garantizar la seguridad ciudadana, pero en buena medida ha sido por la maraña de mafias organizadas que encontraron en casi todos los niveles de la PNC, producto de esos cuatro años de infiltración que permitió el FRG, mientras sus principales dirigentes y funcionarios de turno se dedicaban al saqueo y enriquecimiento a costa del Estado y la pobreza de los guatemaltecos.
Por eso resulta alentadora la noticia de que continúa la depuración de la PNC y los grupos de seguridad del Estado, pues al menos significa que no se ha claudicado ante la bien organizada estructura del crimen organizado, que ya había llegado a las más altas esferas del Gobierno en el período anterior.
El reto ahora está en demostrar que no se trata solamente de la famosa y necesaria depuración, sino que significa que, además, se trabajará en garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Si el ministerio no avanza en esta dirección, de poco o nada servirá el que se nos informe que hay depuración.
Este es un paso positivo, pero a la par deben llegar los resultados concretos en materia de seguridad. La tarea no es fácil, pero tampoco imposible.
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