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Vida Breve: ¿Aclarar u obscurecer?
Por:
Irina Darlée
Hasta qué punto todos somos una caricatura del hombre o de la mujer y de lo que deberíamos haber sido.
La vida nos cambió. En lugar de románticos nos volvimos nostálgicos, y qué va hacer una pobre periodista obligada a poner un poco de amenidad en la vida de sus lectores, más que viajar.
He publicado crónicas escritas desde Berlín, Kairo, Madrid y Florencia y como a todas estas crónicas había de sazonarlas con la sal de lo anecdótico y con el vinagre del escepticismo y el aceite de un poco de originalidad, esta "ensalada" literaria de lo observado por mí, ha hecho viajar a mis lectores a lugares caracterizados o caricaturizados por mi misma, y esas aventuras viajeras mías se estaban convirtiendo en ficciones.
Lastima que se me están olvidando las cosas. Las realidades falseadas por la literatura, basadas en observaciones "a lomas de mí yo". El "yo" de una viajera omnipresente con el sesgo humorístico, irónico, satírico de las crónicas que alegran supuestamente al lector.
Si este lector fuera un personaje concreto y tangible le preguntaría ¿qué género literario prefiere usted, el de las emociones sublimes (cultivadas por los poetas), las comedias, tragedias o prosa de la vida?.
En el periódico cabe todo, pero debe ser un artículo al alcance de todos. En un libro el autor esta libre de obscurecer su estilo o el argumento.
Me acuerdo de una anécdota real del filósofo catalán Eugenio D'ors quien publicaba sus "glosas" en un diario madrileño.
Antes de publicarlas, las leía a su secretario preguntándole si había entendido. Si éste respondía que sí. D'ors decía "obscurezcámoslo".
Muchas veces admiramos más lo que no comprendemos. No me acuerdo, con exactitud de nada ni de las vagas emociones, ni de lo que fue antes y que después.
No me acuerdo a quien he prometido telefonearle y no lo hice, visitarle y no he ido.
Básicamente nos falta tiempo para todo y nos olvidamos de todo, menos de tener que morir. Esto también se nos vuelve una preocupación constante.
La historia de una vida sólo consta en partes o fragmentos en las autobiografías.
Los países que visité, los amores que se liquidaron, todo se olvida. Me llamo un señor cuyo nombre no me decía nada "Usted se tiene que recordar de mi!" insistía el caballero. Pues no, no me acordaba. Por fin me aclaró que su mujer había sido amiga mia.
"Si ahora me acuerdo de usted", dije, pero no estaba segura. Pregunté como estaban sus hijos, y resultó que no tenían familia. "La memoria tiene sus limites", le aclaré. "Y las vidas también", respondió el hombre que me llamaba para ofrecerme un Servicio Fúnebre, incluido capillas, ataúd y transporte al cementerio...
Esta oferta me resultó algo incomoda. Por el momento no pienso morirme, y no quiero contratar este último servicio, que nos brinden en esta tierra.
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