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LA BUENA NOTICIA Días de esperanza
“Despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz”. (Pablo de Tarso)
Por:
Víctor M. Ruano
La esperanza se reaviva en esta época que precede a la Navidad, constituyendo el motor del futuro y el dinamismo del presente, no sólo porque emerge espontáneamente lo verdadero y bello que existe en cada persona, sino porque se fortalece la fe al contemplar a Dios hecho niño en el acontecimiento histórico de la encarnación.
Por eso es que, en el Adviento, la esperanza crece como confianza en las promesas del Dios—con—nosotros que las cumple fielmente y se digna compartir nuestra vida y nuestra historia para encaminarlas hacia su plenitud, abriéndole un horizonte ético digno de ser asumido.
Probablemente, el mundanal ruido de la sociedad consumista en la que vivimos, y que se acentúa en estos días, no nos permite intuir el paso del Dios amoroso que viene al encuentro de cada hombre y mujer para hacerlo plenamente feliz y comprometerlo en la construcción de un mundo más justo y libre, fraterno y solidario.
La Iglesia, con la Palabra que nos propone en esta temporada, quiere prepararnos para recibir en nuestros corazones la plenitud de la presencia de Dios que se encarna para nuestra salvación, porque ese es el fundamento de nuestra esperanza y la razón última de nuestra existencia.
Uno de los textos de la Sagrada Escritura que hoy se proclaman en las celebraciones de las comunidades apunta a una esperanza activa que ha de caracterizar al creyente, dado el tiempo que le toca vivir. ( Carta de san Pablo a los Romanos, 13, 11-14)
El momento presente, como acontecimiento salvífico por la presencia de Dios en la historia, demanda gente despierta y vigilante, capaz de otear con esperanza en el futuro que Dios promete, y anhela que sea realidad en la vida de todos los pueblos del mundo y de cada persona, de modo que seamos conscientes de que la noche va pasando y la aurora de un nuevo día, signo de tiempos mejores, se acerca para iluminar y encender de esperanza nuestras vidas, agobiadas por el peso de las injusticias y la soberbia de los prepotentes y perversos.
En efecto, estos días del Adviento son la oportunidad para desprendernos del pesimismo y el desencanto con que a veces llevamos nuestras vidas.
Despojémonos de las obras de las tinieblas, para revestirnos de Jesucristo, fuente de vida y razón de nuestra esperanza.
La esperanza activa que nos propone el apóstol Pablo nos lleva a explorar como centinelas la venida del Señor, que viene a nuestro encuentro, y nos exige estar vigilantes para no caer en el juego perverso del desenfreno moral y del libertinaje, de las peleas y envidias.
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