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Se llama calor solidario
Abandonados, maltratados, enfermos, indigentes, huérfanos, ancianos, niños, bebés y adolescentes, mostraron una sonrisa de agradecimiento por un gesto de calor solidario
Por:
Claudia Munaíz
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| Las niñas huérfanas del Hogar Rafael Ayau, zona 1, recibieron un suéter y una frazada cada una. |
Se llama Flor y tiene 4 años. Es la más seria de las niñas que esperan para enseñar las frazadas y los ponchos que almas invisibles donaron para la campaña solidaria de Navidad: “Cobijas de Amor”, organizada por Prensa Libre y Guatevisión, por el que más de 20 hogares, centros de salud, orfanatos y hospicios se han beneficiado.
Las flores de la vida
Flor tiende su mano para subir las gradas. Le sigue Natalia, Elena, Stephanie, Andrea, Esther y Samantha, niñas de 3 y 4 años, cuya sonrisa esconde que son huérfanas. Vestidas con suéteres de colores alegres, dan la mano para que las acompañen a visitar sus habitaciones, muy ordenadas.
Se colocan de nuevo en la fila y se dirigen al colegio. Menos Rebeca, de 7 años, quien tiene gripe.
Viven en el Hogar de niños huérfanos “Rafael Ayau”, en la capital. Recibieron 80 bolsas con un poncho y un suéter cada una.
Samantha Miluí recién cumplió 5 años. Pide una galleta para celebrarlo.
“No nos olvidan”
Se llama Clara García y no recuerda su edad, pero sí esos momentos de tristeza en soledad. “Estoy muy agradecida por este gesto de amor”, afirma.
El hogar de ancianos San Vicente de Paul, zona 1, es muy grande y por eso “hace mucho frío”, afirma Candelaria Sánchez, de 81 años. “Damos gracias a Dios porque no nos olvidan”, dijo.
Familia en la calle
Su nombre es José Luis y tiene 16 años. Es el más joven de los cinco niños que duermen a pie de calle, en la 6a. avenida de la zona 1, “su hogar”, con una cama de cartón y sufriendo las inclemencias del clima desde hace muchos años.
Mynor René Peña tiene la mirada perdida. A su lado, hay un bote de pegamento que le ayuda a olvidar su pasado y también su presente. Lleva puesto un suéter entregado por “Cobijas de Amor” que le resguarda del frío.
José Luis dice que cuando distribuyeron la ayuda no estaba en el sitio, pero le toca el corazón que haya gente que piensa en ellos.
“Somos una familia y nos damos calor entre nosotros”, añade.
Se llama gratitud
“Aún existe gente buena”, dice Candelaria. Flor, José Luis y Clara, tal vez no conozcan a esas almas buenas que les donaron las cobijas. Para todos ellos, un mensaje de parte de Flor: “Les regalo mi nombre”.
Estas historias demuestran que todavía hay corazones abiertos que están en disposición de regalar amor y comprensión.
Se han quitado una parte material de sus vidas, pero han ganado el honor de permanecer en el pensamiento de todos los beneficiados.
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