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Silencio, cómplice del Sida
Falta de información favorece la epidemia
Por:
Gema Palencia
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| Jorgito - a veces se enoja con las enfermeras cuando le dan la medicina. Él no sabe que es portador del VIH.Foto Prensa Libre: Luis Echeverría. |
Rosa tenía sospechas. “¿Usted tiene sida, no?”, le preguntaba a su marido. “¡Cómo va a ser!”, le contestaba. Ella se hizo la prueba hace un mes y dio resultado positivo.
Él murió hace 10 días. Nunca reconoció que le había transmitido la enfermedad, como tampoco nunca le ofreció disculpas.
“Él no usaba condón, y claro que iba con otras mujeres”, dice Rosa, quien a sus 50 años enfrenta con estoicismo la enfermedad. “Nunca imaginé que fuera a pasarme a mí”.
Las cifras oficiales reportan sólo siete mil 54 casos de enfermos de sida en Guatemala en 10 años. Pero la situación real no aparece en las estadísticasos: se estima que unas 70 mil personas son portadoras del virus.
El tratamiento médico no llega a todo el mundo. De las personas infectadas se estima que unas siete mil necesitarían tratamiento, pero poco más de la mitad tiene acceso a medicamentos para frenar los efectos de la enfermedad.
Lo cierto es que Guatemala, junto a Honduras, tiene los índices más altos de incidencia de VIH de Centroamérica, y las cifras van en aumento.
El temor al rechazo y la discriminación, la creencia de “eso no va conmigo, porque es cosa de homosexuales y prostitutas”, hace que cientos de personas no prevengan la enfermedad o que convivan con el virus sin saberlo.
“El sida está en cualquier parte. Todos estamos expuestos, y es importante que la población tenga conciencia de ello”, indica Erickson Chiclayo, de la asociación Gente Positiva, que apoya a portadores del sida.
Los pacientes no sólo tienen que soportar las molestias físicas que provoca la enfermedad. El rechazo social casi siempre pesa más.
“No te mata el sida, te mata la discriminación”, explica Rosa, quien sólo se ha atrevido a contar que tiene la enfermedad a dos de sus hijas y a su anterior esposo. “A mi mamá, imposible. Me cerraría las puertas de su casa”, dice.
Más cerca de la mujer
En el país la enfermedad afecta, en su mayoría, a los hombres, pero en los últimos años se está extendiendo a las mujeres. “Hay muchos casos de amas de casa que han terminado infectadas porque su esposo se metió en la cama con otra gente”, dice Pedro Juan Pons, de Médicos Sin Fronteras.
Las campañas de prevención y concientización siguen siendo la clave. La sensibilización entre los grupos de más riesgo y la información para evitar que se discrimine a los pacientes se hacen imprescindibles.
“Si no logramos que la gente tenga conciencia del riesgo y que tome precauciones, no podremos frenar la enfermedad, que está creciendo de forma alarmante”, señala Chiclayo.
Infancia: Toda la familia
Jorge - tiene cuatro años y no sabe que tiene sida. Tampoco le han dicho que su padre murió la semana pasada a causa de la misma enfermedad ni que su madre y su hermano, de poco más de 1 año, también son portadores del VIH.
Es la segunda vez que permanece ingresado en la Pediatría del Seguro Social de la zona 9. Allí una vez por semana llega a visitarle su familia, desde Escuintla. Mientras, comparte con las enfermeras, y pinta las paredes del cuarto que comparte con una bebé, a la que el sida no le dejará vivir más que unos pocos meses.
Discriminación: “Seguro. Saldré adelante”
“Cuando mi familia supo que tenía el virus del sida me sacó de la casa, y hasta la fecha no la he vuelto a ver”, cuenta Kelvin Elías. -
Él viajó de Puerto Barrios, Izabal, a la capital, donde estuvo en la calle y se involucró en bandas.
Intentó encontrar trabajo, pero en una de las empresas le hicieron pruebas médicas de forma ilegal y terminó despedido. “Yo quería explicarles que no era tan grave, que no se contagiaba tan fácil, pero nunca me dejaron”.
Ahora logró un empleo en una carpintería. “Mi reto es salir adelante y ayudar a otras personas”.
Fármacos: Tratamiento
Luego de conocer el resultado de los análisis, en 1999, le dieron dos meses de vida. “Comprá de una vez tu caja”, le dijo el doctor.
Mario - intentó quitarse la vida lanzándose del puente Belice, pero un automovilista que pasaba por el lugar le salvó.
Hace cinco años empezó el tratamiento y ha logrado que la enfermedad se estabilice y sobrellevar la discriminación.
Aún así se queja por la falta de sensibilidad de los médicos y la falta de fármacos.
“A veces no nos tratan bien, les molesta que aleguemos si no hay medicina, pero lo necesitamos para vivir”, dice.
Mario forma parte de los pacientes con sida que afrontan dificultades para obtener medicamentos.
Desde la cuna
En sus manos
Los adultos tienen en sus manos evitar el contagio de la enfermedad, pero para muchos niños el sida se hace un compañero obligado desde que nacen.
Hay riesgos
Durante el embarazo, parto y lactancia, hay riesgo de que, en el 30 por ciento de los casos, la madre transmita el virus a su bebé.
Busque ayuda
“Es importante que las madres que sospechen que tienen sida se hagan las pruebas y se pongan en tratamiento para evitar riesgos”, afirma Roger Gil, jefe de Infectología Pediátrica del IGSS de la zona 9.
Con tratamiento
En el Seguro Social, 350 menores reciben tratamiento. Cada mes se registran 10 casos nuevos de niños infectados.
El tercero
La enfermedad crece y se ha convertido en el tercero de los motivos por los que ingresan más niños al área de infectología. El 40 por ciento de ellos es huérfano de padre o madre, a causa del sida.
Es difícil
La esperanza de vida para los más pequeños es difícil de definir. Ahora, el mayor de los pacientes que ha tratado el instituto tiene 15 años.
Condenados
Sin medicinas, la muerte es casi inmediata. Un bebé sin tratamiento no llegaría a los 12 meses.
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