|
LA BUENA NOTICIA Gratuidad y gratitud
La convivencia social es mucho más humana cuando somos conscientes de cuánto debemos al apoyo, ayuda, asistencia gratuita de los otros.
Por:
Mario Alberto Molina
El aporte principal de Jesús como fundador del cristianismo consistió en el cambio que introdujo en la manera de entender las relaciones con Dios. Su propuesta sostenía que no son los pecadores quienes deben convencer a Dios de que sea bueno y otorgue su perdón, es Dios quien ofrece gratuitamente su perdón para ver si así logra convencer a los pecadores de que se conviertan.
No es la vida santa y recta la que gana para la persona el mérito que la habilita para acercarse a Dios, sino que Dios sale a buscar a todos, especialmente al pecador y al marginado por la exclusión. Las obras buenas y la vida recta no son requisito para hacer propicio a Dios, sino respuesta agradecida a un Dios que ha mostrado antes su misericordia.
Este cambio de perspectiva le acarreó la enemistad de los responsables de las instituciones religiosas de su tiempo. Jesús hacía superfluo el sistema expiatorio del Templo y cambiaba el sentido del culto a Dios.
Borraba las ventajas que los justos creían tener sobre los pecadores en sus relaciones con Dios. Mostraba que el verdadero rostro de Dios no es el del santo implacable, sino el del Dios cercano misericordioso, a quien además tenía la osadía de llamar Padre.
Jesús revelaba la dimensión de gratuidad que sostiene la existencia humana y hacía de ella el fundamento de la religión. Fue una propuesta liberadora que se extendió como fuego en cañaveral por todo el mundo Mediterráneo. Sin embargo, tuvo más aceptación entre los forasteros que entre su propio pueblo.
San Lucas (17,11-19) narra una anécdota que ilustra el punto. En cierta ocasión Jesús encontró a 10 personas afectadas con enfermedades cutáneas, a quienes la Biblia da el nombre de “leprosos”.
Era gente considerada impura, excluida de la convivencia social, estigmatizada por los prejuicios religiosos. Jesús los curó y los envió a los funcionarios responsables, para que constataran la curación y los declarasen habilitados para la convivencia social. Pero sólo uno de ellos, un extranjero samaritano, regresó para agradecerle a Jesús la liberación del mal.
Más allá del alcance original de la anécdota, el episodio pone en primer plano la importancia de la gratuidad y de la gratitud. La convivencia social es mucho más humana cuando somos conscientes de cuánto debemos al apoyo, ayuda, asistencia gratuita de los otros y ofrecemos a otros favores gratuitos. Si bien muchos logros son fruto del esfuerzo, disfrutamos de muchos bienes porque nos los han regalado. La gratitud es el reconocimiento de la gratuidad que nos sostiene.
|