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Un día a ciegas, con ayuda de su lazarillo
La jornada laboral de Laida Alvarado, quien nació ciega, no es nada fácil
Por:
Claudia Vásquez
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| Supera cada día el uso del transporte y sortea los autos en las calles. Foto Prensa Libre: Elena Prieto. |
La jornada laboral de Laida Alvarado, quien nació ciega, no es nada fácil. Estudia, trabaja y se moviliza en autobús, gracias a su perro guía, que se ha convertido en sus ojos.
Laida Alvarado se levanta a las 5.30 horas. Luego de prepararse, junto con su lazarillo, su perra guía ‘Betsy’, sale a la calle para ganarse la vida, estudiar y hacer realidad su sueño: luchar por que sean respetados los derechos de las personas ciegas.
El primer problema que debe enfrentar todas las mañanas es abordar el autobús.
“Muchos pilotos de autobuses no se detienen al darse cuenta de que voy con mi perra y que soy ciega. Sin embargo, agradezco a algunos que me dicen que les diga a dónde voy, para avisarme”, comenta.
Alguien en su vida
Cruzar las calles, sortear los semáforos, librarse de tragantes sin tapadera, de ser atropellada por algún bus o subir y bajar pasarelas eran algunos de los obstáculos que tenía que experimentar cada día.
Eso sin dejar por un lado la incomprensión de muchos guatemaltecos que la discriminaban.
Ahora, con la ayuda de su perro lazarillo, su vida ha cambiado, comenta Alvarado.
“Usé mi bastón casi toda la vida, pero siempre tenía que pedir a alguien que me acompañara, y eso era más limitante. Gracias a mi perra, ahora tengo independencia, seguridad y rapidez”, añade Alvarado, dueña de uno de los únicos ocho canes lazarillos en todo el país.
“Mucha gente desconoce a los perros lazarillos. Hay muy poca educación en la comunidad. A veces hasta me insultan, pero considero que es consecuencia del subdesarrollo en que vivimos”, supone.
Sin embargo, a Laida le entristece que mucha gente diga: “Miren a esa ciega con ese chucho. Deberían encerrarlos”. Aunque asegura que nunca falta alguien de buen corazón que la trate con respeto y le ayude a pasarse la calle.
Hace énfasis en que su lazarillo fue debidamente amaestrado en una escuela especial, y siempre lleva puesto un bozal y correa. También está acostumbrado a no satisfacer sus necesidades fisiológicas en la vía pública y se concentra a guiarla.
Por ello agradece la intervención de la Procuraduría de los Derechos Humanos, restaurantes y supermercados que le han abierto las puertas, ya que muchas veces le denegaban el acceso a causa que siempre va acompañada por su perro guía.
Alvarado trabaja en el estudio de grabación de la biblioteca parlante del Comité pro Ciegos y Sordos, en el Hospital Rodolfo Robles, ubicado en la zona 11. Imparte charlas y terapia a personas ciegas. Señala que eso no sería posible sin su perra guía, que también tiene un lugar en su oficina.
Por accidente
En tono de broma, Alvarado relata que su lazarillo llegó a su vida por accidente.
Una noche, cuando salía de la universidad, cayó en un agujero en la calle. “Un tragante no tenía tapadera, y si no hubiera sido por la ayuda de unos jóvenes que oyeron mis gritos, no se qué me habría pasado”, relata.
Considera que el golpe físico y emocional que sufrió ese día le hizo darse cuenta de que debía buscar la forma de cambiar su vida.
Buscó más información sobre los perros lazarillos. Se abocó al Club de Leones de Guatemala, y con la ayuda de esta entidad logró llevar a ‘Betsy’ a su casa. “Dios me regaló esta perra tan valiosa, y estoy agradecida por la oportunidad de vivir con su ayuda”, expresa.
Alvarado vive con su tía y su abuelita desde que era niña. Asistió a la Escuela del Comité pro Ciegos y Sordos, y luego a la Universidad de San Carlos. Actualmente, elabora su tesis para graduarse de historiadora.
Asociación
Para dar a conocer su trabajo: Los ocho invidentes que se movilizan con la ayuda de perros guía en Guatemala esperan conformar una asociación de personas beneficiadas por estos lazarillos.
“El mensaje que quisiera dejar es que los perros guía son los ojos de los invidentes. Ojalá haya más comprensión y respeto hacia nosotros”, señala Alvarado.
Cómo surgieron los perros guía
Sus orígenes se remontan a miles de años atrás, en Austria y Alemania. Se conoció por primera vez de estos perros en 1827. Luego se publicó un libro sobre la vida de Joseph Resinguer, ciego desde los 17 años, que adiestró a 10 canes.
El creciente número de soldados alemanes que quedaron ciegos durante la Primera Guerra Mundial inspiró el adiestramiento de estos animales.
En 1919, Gerard Stalling abrió la primera escuela del mundo para entrenar a las mascotas.
Les dieron el nombre de perros guías o lazarillos. El segundo, porque era de esa forma como se llamaba a las personas que guiaban a los no videntes desde tiempos antiguos.
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