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En esta esquina: La otra cara
Por:
Gabriela Barrios
El resultado ante Costa Rica fue duro, un trago amarguísimo, un golpe al orgullo. Pero, por fortuna y a diferencia de otras ocasiones en que también se ha perdido, y feo, esta vez no ha sido irremediable, y la oportunidad de levantarse está a la mano. Es hoy.
Un triunfo de la Selección chapina esta noche frente a Honduras haría que nadie se acuerde de lo que pasó en Costa Rica, pues el pase a la siguiente ronda estaría en la bolsa. Un empate ante los catrachos haría de la tabla del grupo B un acordeón, pero dejaría viva la esperanza. Una derrota pondría a Guatemala en la angustia de costumbre, en el filo de la navaja, en el que no sólo hay que ocuparse de lo propio, sino de lo que logren los demás.
A lo largo de la semana se ha escrito mucho acerca de lo que pasó ante los ticos. Incluso las plumas de aquellos que nunca se ensuciarán la suela de los zapatos por ir a un estadio, adujeron falta de testosterona en los jugadores. Interesante.
No faltará quién coincida con semejantes opiniones, y por ellos vale la pena recordar lo elemental: los partidos no se ganan con ganas, sino con argumentos técnicos. Y tampoco se pierden simplemente porque el portero haya tenido una mala noche.
El mal día de Trigueño Foster se agudizó por las fallas de la defensa, que, como todas las líneas, lució mal en ese encuentro.
Pero más importante que seguir recordando la paliza es no aislar el resultado de la realidad. Para revertir los renglones torcidos de muchos años de ineficiencia y corrupción en la dirigencia del fútbol hace falta tiempo.
Este es apenas el comienzo, y ha sido más alentador de lo que cualquiera habría imaginado. Nos ha demostrado que hay una generación valiosa que, de haber tenido un trabajo serio, habría podido dar mucho más. Guatemala llegó a la eliminatoria poniéndole parches al desastre que había en el fútbol.
Pretender que Guatemala gane como si fuera Brasil, es irreal. En el fútbol también funciona esa relación causa y efecto. El desastre de tantos años no se puede revertir de la noche a la mañana.
Se ha comenzado a dar pasos para un cambio, pero ésta será una carrera de largo aliento.
Quizá algún día la Selección podrá ganar con solvencia, cuando los procesos sean sostenidos y los objetivos se cumplan por etapas.
Mientras eso sucede, hoy se debe pensar en Honduras y hacer fuerza para que Guatemala pueda dar el puntillazo final y pasar a la siguiente ronda. Admiro a aquellos que después del 5-0 no dudaron en levantar la cabeza y siguen creyendo que puede ser. Con el corazón azul y blanco, me sumo a ese anhelo.
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