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LETRA CON FILO Derecho a la vida y la propiedad
¿Cuál es aparte de la defensa a sangre y fuego de la propiedad, el compromiso con el país y la vida de sus habitantes?
Por:
Miguel Angel Sandoval
Luego de la masacre en la finca Nueva Linda, se ha abierto el debate sobre lo agrario en nuestro país. Hay quienes escriben horrorizados ante la constatación de que se trata de un regreso al pasado y una grosera negación de los acuerdos de paz.
Otros señalan que es necesario hacer cambios y que no se puede continuar explotando y marginando a los millones de campesinos guatemaltecos. Es sin duda un debate necesario.
Pero como hay de todo, he observado a ideólogos de los terratenientes, que con pobreza argumental se atrincheran en el sacrosanto derecho de propiedad privada, haciendo de ello la justificación y fin último de la vida en Guatemala, el cual si es necesario se hace valer a sangre y fuego.
Lo dicen sin rubor ideólogos o testaferros. En esta visión los campesinos son delincuentes. No hay en ningún caso idea de justicia social, de función social de la propiedad, de equidad.
Lo único que dicen es que los campesinos respeten la ley porque es la ley. Y así van construyendo su explicación de defensa de la propiedad privada a sangre y fuego, con falacias y más falacias.
Decir por ejemplo, qué haría usted si el vecino usurpa su casa, es un vulgar argumento, pues no tiene nada que ver el domicilio con la existencia de latifundios improductivos, que no pagan impuestos, con ilegalidades en su tenencia, que no respetan los derechos laborales y se violan derechos ciudadanos. La diferencia va mucho más allá de la pobreza argumental y los ejemplos vacíos de estos señores.
En la visión de criminalizar a los campesinos se ha dicho hasta el cansancio que tenían armas poderosas y no han faltado columnistas que haciendo eco de esto no reparen en su anticomunismo primario y su ignorancia en el tema de las armas, pues si los campesinos hubiesen tenido los fusiles AK que la propaganda les adjudica, los muertos hubiesen sido muchos más, en las filas de los policías. Es otra manera de decir que la propiedad se defiende contra campesinos delincuentes a sangre y fuego.
En este contexto merece ser destacada la postura ecuánime y de defensa del estado de Derecho impulsada por el procurador de los Derechos Humanos. Se trata de una postura realista, que va mucho más allá de los mitos creados y recreados para la defensa de los privilegios de los finqueros.
Si hasta hace poco la reforma agraria era el cuco comunista, ahora vemos que se trata de una medida racional de elemental sentido común. En países tan distintos como Cuba y Taiwán, El Salvador o Israel. A los articulistas señalados les daría mucha pena saber que ni uno solo de los países mencionados tiene el anacronismo de propiedad privada como ellos la defienden.
Es necesario complementar el discurso sobre la globalización con políticas públicas en materia agraria para estar con un pie en el siglo XXI. No se puede vivir con una visión de lo agrario tan atrasada y pretender estar globalizados.
Se pueden defender las reglas del capitalismo, pero de manera integral. Mercado con justicia social, ganancias con salarios dignos, impuestos progresivos, libertad de empresa y sindical, propiedad privada pero también función social de la propiedad, particularmente la rural. Derechos y obligaciones claras. No se puede tener sólo una cara de las diferentes ecuaciones.
Es claro que en el ideario neoliberal el derecho de propiedad es importante, pero no es el único. Y en un ordenamiento social, la propiedad es uno más de los derechos. Está en primer lugar el derecho a la vida, la solidaridad social, pues vivir en sociedad comporta compromisos, obligaciones. Y pregunto, ¿cual es aparte de la defensa a sangre y fuego de la propiedad, el compromiso con el país y la vida de sus habitantes?
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