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Vida breve: Las mujeres hablan mucho
Por:
Irina Darlée
Nos reuniamos todos los días cuando eramos chicas universitarias y hablábamos.
Las mujeres hablan mucho. Entonces nos contabamos nuestras intimidades, sueños, planes para el futuro, un que otro episodio con un pretendiente. Intercambiabamos pensamientos sobre esto y aquello cuando comenzabamos nuestra vida con todo su esplendor, como niños en su cumpleaños… Disfrutabamos contándonos nuestras cosas y sobre todo comíamos pasteles y helados en aquellas reuniones.
Con el tiempo ya hablabamos sobre las novedades de los cosméticos, las modas y los modistas y sobre todo sobre los ginecólogos.
Se comentaba a los maridos, la vida familiar, problemas con los niños. Luego nos mirabamos cada vez menos.
Cada una tenía su trabajo y su familia, y si antes cotilléabamos sin mayor malicia, ahora nos contabamos los lios, los celos, los escándalos: Que fulana tiene un marido fijo y cada dos años un nuevo amante; que mengana piensa divorciarse pero su abogado le advirtió que en tal caso su marido no le tiene que dar nada. "Entonces, qué hago" le preguntó ella. "Busca algún trabajo" le dijo aquel. "No he trabajado nunca" -contestó la mujer-. "aconséjame". "Talvez tiene Usted algunos parientes que la puedan mantener", sugirió el abogado. "No tengo tales familiares", respondió ella. "Aconséjame, aconséjame" insistía ella.
El abogado, (esposo de la que nos lo contaba), no sabiéndo que debía aconsejar sugirio: "Entonces, dediquese, discretamente, a la prostitución" y su enfurecida clienta salió del despacho dando un golpe tan fuerte a la puerta con vidrios, que estos se hicieron pedazos.
A la edad mediana hablabamos sobre la política y los políticos, la inflación y los altos costos de vida.
Una que otra se quejaba que su marido no viene a cenar de tantas "juntas" de negocios que tiene. Ya la mayoría de las mujeres tienen alguna arruguita aquí y alguna allá.
Para esto estan los doctores y las plásticas del estiramiento y todo esta bien menos el peso.
Habíamos engordado casi todas comiéndo mucho talvez para espantar los pensamientos pesimistas, que se presentan a medida que avanzan los años y retroceden las ilusiones.
También los padres se hacen viejos y hay que pasear a la anciana madre en silla de ruedas, o no se debe dejar al abuelo que viva sólo.
La vida impone momentos terroríficos. Y los niños dejan de ser niños para convertirse a veces en despótas y otras veces en alcohólicos o drogadictos o simplemente hacen lo que les da la gana. Fueron más amorosos antes, qué duda cabe.
Ahora su reloj marca otra hora que la de sus padres. De generación en generación todo cambia y muchas cosas empeoran.
Al principio caminábamos ligeras, ahora nos cuesta subir las escaleras. Antes la vida nos parecía alegre y ahora complicada.
Las cosas eran mucho más baratas y los amores más románticos. El nieto tiene que ir al psicoanalista y a nosotros nos toca la lucha contra el colesterol.
La vida ya sólo sirve para evocar recuerdos y si nos parecía antes luminosa, ahora tiene muchos rincones oscuros.
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