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EL QUINTO PATIO Nueva tecnología
¿Cómo es posible depender de la tecnología en una sociedad como la nuestra?
Por:
Carolina Vásquez Araya
Una amiga muy versada en cuestiones tecnológicas afirmaba que Guatemala es uno de los países más avanzados en América Latina en lo que a telefonía celular se refiere. Y me quedé pensando en esa terrible realidad: tecnología de punta en comunicaciones, y uno de los últimos lugares en desarrollo humano.
La ironía de esto es que muchas personas que conozco -incluyéndome a mí misma, lo cual confieso con vergüenza- nos hemos ido sumergiendo en esta dependencia de aparatejos cada vez más sofisticados, más repletos de funciones y, por supuesto, más caros.
Con ellos llevamos la agenda, hacemos llamadas telefónicas a cualquier punto del planeta, guardamos imágenes y hasta navegamos por la Internet si la espera en la cola del autobanco es demasiado larga.
Me pregunto cómo hacíamos cuando no había celulares -de eso hace apenas una década, o poco más- cuando no existían las Palm Pilot ni las laptops que condicionan nuestra vida actual, y nos vuelven tan estúpidos cuando las perdemos.
Recuerdo, por lo menos, lo que hacía yo: escribía a máquina. Si me equivocaba, lo cual sucedía a menudo, repetía la cuartilla hasta que quedaba perfecta. Luego, me iba a dejarla al periódico para que la transcribieran y la publicaran.
Era todo un trámite. Más tarde, todavía llamaba por teléfono al encargado de armar esas páginas y le pedía que me la leyera, con puntos y comas, para asegurarme de que no llevara errores. Pero un día de esos apareció el fax y la vida me cambió de la noche a la mañana.
En cuanto al teléfono, si alguien me llamaba y yo no estaba en casa, simplemente no me enteraba. Y no sufría por eso, ¡qué va!… Aún no estoy segura de si vivir en esa ignorancia era mejor que esta esclavitud absoluta a la comunicación instantánea y ubicua, a la cual nuestra actual existencia está tan absurda, total e indisolublemente ligada.
Esas limitaciones, sin duda, daban un toque interesante a la vida diaria. Por ejemplo, las relaciones amorosas eran mucho más misteriosas y llenas de expectación. Había un cierto espacio personal, inviolable y perfecto que ya no existe más.
Con la nueva tecnología, siempre estamos a la mano… No podemos decir: “¿Me llamaste?
Cómo lo siento, no estaba”. Ahora no sólo es posible localizarnos en cualquier lugar, sino además hasta tener imágenes instantáneas de nuestro aspecto y una percepción inmediata de nuestro estado de ánimo.
Ya no podemos “no estar”, porque nos hemos convertido en una nueva especie de seres disponibles en todo tiempo y lugar. Por eso creo que en este nuevo mundo de tecnología tercermundista, surgida codo a codo con el hambre y la pobreza, hablar de independencia es, más que un contrasentido, una flagrante imbecilidad.
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