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El adiós al Sumo Pontífice
Durante nueve días se celebrarán actos litúrgicos por el alma del Papa
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| La tradición señala que el Papa sea enterrado en las grutas de la Básilica de San Pedro. Todo depende de su último deseo. |
Después de la muerte del Vicario de Cristo, los cardenales celebrarán las exequias en sufragio de su alma durante nueve días consecutivos, según el Ordo exsequiarum Romani Pontificis, cuyas normas, así como las del Ordo rituum Conclavis deben cumplir fielmente.
En el momento de la muerte del Papa se abre un proceso fijado en parte por la tradición y en parte por normas establecidas por los pontífices, según las cuales, hasta que haya un sucesor, quien tendrá la máxima autoridad es el actual camarlengo del Santo Padre, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, de 78 años.
Recibida la noticia de la muerte, el camarlengo debe comprobarla oficialmente. La costumbre ha sido golpear con un pequeño martillo de plata tres veces la frente del Pontífice, mientras le llama por su nombre.
El Canciller de la Cámara Apostólica extiende el documento o acta auténtica de muerte.
Martínez Somalo es el encargado de retirar del dedo del fallecido pontífice el “Anillo del Pescador”, en aras de evitar cualquier uso inadecuado; cerrar la habitación y el estudio del Papa y comunicar del fallecimiento al vicario de Roma, quien informa oficialmente al pueblo.
Tañen las campanas.
El cuerpo sin vida debe ser acondicionado y vestido con los paramentos pontificios: la mitra blanca en la cabeza, la casulla de color rojo, que simboliza el luto para los papas, y la estola de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad.
Antes de los funerales, que se celebran en el Vaticano, el cuerpo queda expuesto al público durante tres días en la Basílica de San Pedro.
Nadie puede tomar fotografías del Papa, a menos que tenga permiso del camarlengo.
Los cardenales celebran los Novendiali, las exequias en sufragio por el alma del difunto, que duraran nueve días.
Los funerales, solemnes, se llevan a cabo, generalmente, de cuatro a seis días después de la muerte.
La Missa poenitentialis, es decir, el funeral, es celebrado en San Pedro, en presencia de delegaciones de Estado de todo el mundo.
El cuerpo sin vida del Sumo Pontífice debe ser introducido en un triple ataúd y enterrado en las grutas vaticanas.
Al fallecer el Papa, la Santa Sede envía a todos los miembros del colegio cardenalicio un telegrama, convocándoles al cónclave, que arranca entre 15 y 20 días después de la muerte.
Procedimiento: Convocatoria
Al fallecer el Papa:
La Santa Sede envía a todos los miembros del Colegio Cardenalicio un telegrama, convocándo al cónclave.
Joseph Ratzinger, decano del Colegio de Cardenales, avisa a los embajadores acreditados ante la Santa Sede y los jefes de Estado en el mundo.
Los cardenales menores de 80 años son 117: 58 europeos, 14 estadounidenses, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y dos de Oceanía.
En detalle: Ardua labor
Normas a cumplir antes del cónclave:
Desde las primeras reuniones o “consultaciones” previas al cónclave, los cardenales deben leer —si existe— el testamento o los documentos que les haya dejado el Pontífice difunto.
Deben quebrar el anillo apostólico y el sello de plomo con que fueron enviadas las Cartas Apostólicas.
Tomar medidas prácticas, como aprobar un presupuesto de gastos corrientes hasta la elección del sucesor.
A menudo se decide una indemnización para los empleados del Vaticano, y se ponen a la venta estampillas y medallas con el símbolo del cónclave, el quitasol litúrgico.
Los cardenales deben confiar, además, a dos eclesiásticos “ejemplares” la tarea de pronunciar ante los grandes electores dos serias meditaciones sobre los problemas más apremiantes de la Iglesia y las características que debería tener el nuevo pontífice.
El Papa debe ser inhumado en la basílica vaticana, cerca de la tumba de San Pedro.
Los cardenales sólo tomarán una decisión definitiva después de haber leído el testamento.
Un Papa podría decidir ser enterrado en otro sitio.
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