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Hambre y miseria azotan a poblado
Carencias desbordan en Palo Blanco, Jutiapa
Por:
Pedro Pop
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| María Antonia Lázaro, a la derecha, con poco cabello debido a la desnutrición, en compañía de sus familiares, que esperan ayuda en Palo Blanco, Conguaco, Jutiapa. Foto Prensa Libre: Émaerson Díaz. |
A nivel nacional se estima que hay 400 comunidades en riesgo de hambruna y enfermedades por fenómenos climáticos. A estas se suma ahora la aldea Palo Blanco, en Conguaco, Jutiapa.
Llegar a Palo Blanco no es sencillo, aunque en tiempo no implique más de tres horas. El problema es que el camino no es transitable en vehículo, y hay que llegar a pie. El abrasador sol, acompañado del calor sofocante, hace que la situación sea más dura, mientras se desea la sombra de algún árbol, que son muy escasos en el lugar.
En la aldea la gente está sin trabajo, agua y alimentos, y rodeados de problemas de desnutrición y enfermedades.
María Antonia Lázaro, a sus 75 años, tiene apenas pocas hebras de cabello, pero no es por calvicie natural, sino debido a la falta de nutrientes, pues, según dice, no hay comida, y las enfermedades no la dejan en paz.
“Sólo con catarro y dolor de cabeza me mantengo; por ahí la vamos pasando, pero los que más nos preocupa son los niños”, expresó.
La preocupación de María Antonia no es para menos, ya que sólo en su casa hay 12 niños.
Mientras ella cuenta sus penas, los pequeños empiezan a asomarse al cerco que separa al rancho de varitas de la calle.
Pareciera que en el ambiente hay pasividad, los niños no corren, no gritan y prefieren sentarse bajo alguna sombra. La respuesta a la quietud no es la timidez, lo que sucede es que se encuentran débiles, afirma un experto.
Llegar al centro de salud más cercano es casi impensable para los habitantes de Palo Blanco, ya que se encuentra en Conguaco, a media hora del lugar, y deben hacerlo a pie.
De los ranchos, las madres salían con sus niños enfermos pidiendo alguna ayuda cuando el equipo de Prensa Libre verificaba la situación en el lugar.
“Tómele una foto a él -un niño con el abdomen voluptuoso y piernas y brazos delgados- y apúntelo, para que le traigan algo”, era la frase más escuchada.
“Mi hijo está enfermo”, “mi papá ya no mira”, “cómo le hago para quitarme estas manchas”, “no tengo trabajo”, decían las personas.
Algunos invitaron a entrar a los ranchos para ser testigos de sus penas, pues había niños con varicela, estómagos enormes y cuerpos delgados, que preferían no salir de las precarias viviendas.
“La más pobre”
Juan Humberto López, alcalde auxiliar de la comunidad, afirma que de todas las aldeas de Jutiapa, Palo Blanco es la más pobre.
Explicó que las tierras en donde siembran no les pertenecen, y cada año pagan el alquiler con maíz, frijol o maicillo.
López cuenta que por la falta de acceso a la comunidad, los vehículos no pueden llegar, y cuando hay un enfermo grave lo sacan cargado en medio de una empedrada montaña que hace que cada paso sea un martirio.
“Aquí no tenemos trabajo ni hay lugares cerca a donde irlo a buscar. Si al menos tuviéramos un camino, pero no hay modo”, dijo Paulino Galicia, del comité comunal, quien señala que con las condiciones del pueblo no es nada fácil subsistir, e implora ayuda cuanto antes.
“Vamos a ayudar”
Andrés Botrán, comisionado contra el Hambre, prometió que la ayuda a Palo Blanco no se hará esperar y que en los próximos días fluirá.
Agregó que desafortunadamente las autoridades locales no habían informado sobre la situación que se vive, pero que se tomarán medidas.
Aseguró que la política contra el hambre de otros gobiernos era decir que no había hambre en el país, lo cual no es cierto.
“Es lamentable que esto pase en Guatemala, pero ya tenemos planes específicos para enfrentar el hambre, cuyo combate no es fácil ni a corto plazo, pero se hará todo lo posible”, señaló.
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