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Guatemala, jueves 21 de abril de 2005

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Opinión

ATISBOS
Grandeza de Juan Pablo II

“Los exhorto a convertirse en verdaderos obreros de la paz”. Juan Pablo II.
Por: Ernesto Fingado

Es indiscutible la grandeza de Juan Pablo II mostrada en sus giras por todo el mundo, como incuestionable su extraordinario liderazgo mundial.

Quienes tuvimos la satisfacción de conocerlo personalmente, entrevistarlo y conversar con él, por varios minutos, en sus tres visitas a nuestro país, no podemos menos que sentirnos conmovidos ante su desaparición física, aunque tenemos la certeza de que goza de la misericordia de Dios.

Aquel histórico 7 de marzo de 1983, los helicópteros aterrizaban al filo del mediodía en los llanos de Olintepeque, Quetzaltenango, en donde se había congregado una gran cantidad de feligreses para recibir los mensajes de SS Juan Pablo II, en su primera visita al país.

En esa ocasión, laboraba para el telenoticiero Aquí el Mundo, y se me encomendó lograr una entrevista y bendición para el pueblo guatemalteco. Después de una serie de gestiones con los organizadores de la visita y consulta con Juan Pablo II, él accedió y antes de subir al estrado preparado para él, con la gentileza que le caracterizaba accedió a enviar un saludo y bendición al pueblo.

Al extenderle mi mano para saludarlo, experimenté la sensación más grande de mi vida, su mirada franca sencilla, penetrante y amorosa, penetró en mi ser.

Desde el estrado preparado para el efecto, nuestro amado Papa pronunció palabras de aliento a los centenares de indígenas congregados.

En aquel lugar, Juan Pablo II tuvo la grandeza de coronar a la Virgen del Rosario, patrona del pueblo, imagen que fue trasladada desde su camerino de la Catedral altense en procesión, hasta los llanos de Olintepeque, entre alabanzas y exclamaciones de júbilo; después del acto de colocación de la corona sobre la sien de la imagen, un viento fuerte sopló el lugar y el manto de la consagrada imagen de la Virgen del Rosario, envolvió la humanidad del Papa durante más de 15 minutos, él permaneció callado y sin movimiento alguno.

Este hecho relatado por su servidor, conmovió a la multitud de feligreses, quienes agitando sombreros, banderas, rebozos, tambores y manos en alto, exclamaban: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Juan Pablo II te quiere todo el mundo!”

El Papa volvió al país dos veces más, y durante estas visitas, también coronó a la Virgen de la Asunción y santificó a nuestro amado Hermano Pedro José de Betancourt, donde nos conmovió con sus palabras alentadoras y exhortaciones.

Sólo nos queda comprender que la grandeza de Juan Pablo II radicó en el amor al prójimo y su obediencia a los evangelios, a Dios y a Jesucristo.

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