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Guatemala, jueves 08 de diciembre de 2005

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Opinión

HORIZONTES
La Concepción

¿No cree usted que sería justo que cada pareja en condiciones de pleno conocimiento y en uso de su libertad decidiera cuántos hijos desea tener?
Por: Francisco Beltranena.

Vengo de una familia numerosa. Soy el hijo mayor de nueve: cuatro varones y cinco mujeres. De los nueve, ocho sobrevivimos la celebración de las bodas de oro de nuestros padres. Siete de los nueve terminamos nuestras carreras universitarias y cuatro de nosotros alcanzamos grados académicos de master, y dos, de doctorado.

Recuerdo que el día que me casé, mis padres me escribieron una carta en la que además de darme sabios consejos, desde ese momento le daban la bienvenida a los hijos que Dios me diera.

“Creced y multiplicaos como las arenas del mar”, dice la Biblia.

Tengo entre mi cartera una foto en miniatura de la celebración de Navidad de hace cinco años. La foto, tomada por un amable vecino, la tuvimos que tomar a media calle, frente a la casa de mis papás, porque no había otro lugar donde se pudiera tomar y que los 60 presentes salieran.

Estaban allí los bisnietos, nietos, novios y novias de los nietos, yernos, hijas e hijos rodeando a los viejos.

La casa nunca estaba ni ha estado sola. Si no eran mis amigos, eran mis primos los que se sumaban a la hora del almuerzo. Si éramos muchos los comensales no anunciados, la vieja siempre hacía la multiplicación del arroz, los frijoles, las tortillas y el pan.

La mesa del comedor hubo de comprarla papá extra larga, con el agregado de una mesa que se ponía al lado para los flotantes.

Jamás vi en la cara de mis papás una expresión de enojados porque las sillas del comedor no alcanzaran. No fueron pocas las oportunidades en las que las sillas de la cocina hubieran de ser sumadas al grito de “córranse”.

Amigos y familiares aún recuerdan con agrado aquel aparente desmadre.

Uno se preguntaría ¿cómo hubiera sido la vida para uno de los fundadores de la oftalmología moderna y uno de los más exitosos profesionales del ramo si en vez de tener nueve hijos hubiera tenido uno o dos?

Seguramente, hubiera tenido pisto, pero ¿hubieran sido lo felices que han sido?

Mis papás, por decisión propia y con pleno conocimiento de sus responsabilidades, formaron una “gran familia”. Decidieron ser felices viéndonos a nosotros felices. Ellos decidieron el tamaño de familia que querían.

Pero, ¿no cree usted que sería justo que cada pareja en condiciones de pleno conocimiento y en uso de su libertad decidiera cuántos hijos desea tener?

Ciertamente no todos pueden tener una familia tan numerosa, pero corresponde a cada pareja tomar sus decisiones voluntariamente. Es por ello que cuando se debate el tema de la planificación familiar exhorto a todos a que nos garanticemos que cada uno de los guatemaltecos sea capaz de decidir en plena conciencia y en libertad, y para eso hay que educar a todos.

Aprovecho la festividad de la Inmaculada Concepción para recordarlo. ¡Hasta la próxima!

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