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DIÁLOGO CRÍTICO Vergüenza democrática
¿Será la lucha contra el terrorismo el nuevo nombre de la impunidad?
Por:
Álvaro Velásquez
La democracia más antigua del mundo, Estados Unidos de América, le ha venido haciendo un daño irreparable a la democracia moderna en nombre de su política denominada “Guerra al Terrorismo”.
En efecto, cosas que creíamos superadas tras el fin de la Guerra Fría, como la tortura, el secuestro y la ejecución extrajudicial contra sindicados de terroristas, que incluye retenciones sin juicio como en Guantánamo, Cuba, o juicios sumarios contra rebeldes en Afganistán, etcétera, han estado volviendo con el aparente aval, justificación o minimización administrativa por parte del Gobierno y militares estadounidenses, y con el pasmoso silencio de la comunidad internacional.
Hay también denuncias que deberían ser investigadas, como los posibles secuestros internacionales de personas acusadas de terrorismo, a quienes se les estaría interrogando en cárceles clandestinas terrestres, marítimas y áreas, en varios países del mundo, lo cual se une a denuncias de uso del Napalm en bombardeos a ciudades repletas de civiles en Irak, especialmente en Faluya.
Esos son elementos que dan lugar a pensar que la guerra al terrorismo sea el nuevo nombre de la impunidad. La Prensa no se ha escapado de la persecución por efectuar tales denuncias.
Las negativas estadounidenses a que funcionarios de la ONU o de la Cruz Roja o Amnistía Internacional acudan a Guantánamo a verificar la situación física, sicológica y judicial de los allí detenidos, junto con las resistencias de implementar el Tribunal Penal Internacional, promoviendo en su lugar candados mediante la firma de acuerdos bilaterales con numerosos países para excluir a los soldados estadounidenses de eventuales investigaciones e inclusive amenazar con represalias económicas a los Estados que ratifiquen el Estatuto de Roma, están logrando un repudio generalizado entre la comunidad democrática y de derechos humanos quienes expresan una vergüenza ajena (shame on you, Mr. Bush), por tales sucesos.
Y no es para menos, tradicionalmente EE.UU. ha logrado presentarse ante el mundo como adalid de la sociedad abierta y la democracia, mismas que no se pueden imponer a otros con balas ni menos con violaciones al derecho internacional.
Mientras tanto, las víctimas del terrorismo que merecen nuestro completo e incondicional apoyo, estarían mejor resarcidas si en vez de ser la excusa para adelantar intereses imperiales fueran el ejemplo de fomentar la consolidación de la paz y la justicia internacional.
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