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Guatemala, martes 13 de diciembre de 2005

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Además, en esta sección:

Ópera Aída: Todo listo
Cientos de actores dan los últimos toques en cada ensayo de esta, que será presentada el próximo sábado
Por: Redacción Cultura

Foto de portada
Este es sólo un pequeño grupo de los más de 600 actores que ensayan en el Campo Marte. Foto: Prensa Libre, Lucía Herrera

Cientos de personas han generado un impresionante despliegue para dar forma a la presentación de la ópera Aída, de Giuseppe Verdi.

Se tendrá una capacidad de parqueo de 2,500 vehículos ubicados en tres grandes áreas previamente asignadas en cada boleto.

La presentación será a beneficio de la Fundación Ramiro Castillo Love a la vez que será el gran cierre del Mosaico Cultural 2005. U.S. AID-Alianzas donará a Fundación Ramiro Castillo Love una cantidad igual al total de lo recaudado, para becas de alfabetización.

Los actores

Aída es una ópera en cuatro actos. Libreto de Antonio Ghislanzoni. Música de Giuseppe Verdi.

Dirección, escenografía, vestuario, coreografía y diseño de luces, Stefano Poda. Asistente de dirección y regidora general, Peky Spaziani. Dirección musical, James Demster.

Cantantes, Bertha Granados; Myriam Singer; Raquel Ramírez; Luis Girón May; Martín Luna; Eduardo Calcaño; Carlo Arturo Galván; Ricardo Lugo; Vladimir Trejos; Mercedes Sánchez, Belén Rodríguez y Jorge Aguilar. Arpa, Otto Thiel.

En música participarán la Orquesta Sinfónica Nacional, Coro Mosaico Cultural, dirigidos por Heber Morales. Además, los coros Victoria, Del Centro Español, De Amatitlán, Nacional, y el Ballet Nacional de Guatemala.

Cuándo, dónde

Sábado 17 de diciembre, a las 18 horas, en Campo Marte. Admisión, palco Q400; tribuna I, Q275; tribuna II, Q200; preferencia, Q100.

Los boletos ya están a la venta por el call center 1717.

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Entrevista con el director general de la ópera
Poda: “El nenito más humilde acá en Guatemala es mucho más culto que el gringo que ha absorbido sólo nociones”
Por: Patricia Orellana

Foto de portada
Stefano Poda

El italiano Stefano Poda, quien tiene en su haber el montaje de óperas como La divina comedia, Il Trovatore y Macbeth entre otras, nos habla acerca de su nuevo reto para el próximo sábado: Aída.

Esta ópera la ha montado en Argentina, Uruguay y dos veces en España, pero la que presentará en nuestro país, asegura, ha sido la producción más grande.

¿Por qué la fascinación por Verdi? ( es la tercera obra de ese compositor que monta en Guatemala).

Verdi es el que más he investigado, el que más me interesa y que más posibilidades me da de hacer espectáculos grandes que se aproximan al concepto de ópera de arte total, eso es un poco la razón. Pero mi autor favorito sigue siendo Mozart. Con Aída, Verdi alcanza una capacidad de visión musical y cultural con una complicidad extraordinaria.

¿A qué se refiere con ópera de arte total?

A que para mí la ópera es la mejor opción de la postmodernidad. Es un espectáculo que procede a través de símbolos, un espectáculo abstracto que permite que cada espectador sienta y aplique a su pensamiento el bagaje de sensibilidad y cultural que tiene a su disposición. Me interesa que el espectador sea el creador y sobre todo que lea sobre el escenario la historia de su propia alma.

Y eso se consigue con Aída…

Eso se consigue con la ópera, con la ópera hecha a la manera que la hago yo. No es una manera tradicional, evidentemente, tampoco moderna. Me interesa una dimensión poética, la recuperación del mundo intrínseco que se preste para que el espectador pueda descubrir lo que en la vida común no puede. Me interesa que la ópera reúna todas las formas de arte, todos los pensamientos, las culturas, la filosofía, la historia, la danza, la plástica, la música, pero que de ninguna manera sea sólo música.

¿Por qué Aída?

Quise hacer una ópera para involucrar a la fuerza nacional, para hacer una recuperación humanística. No sólo da para un espectáculo abstracto, sino para hacer grandes cosas y no sólo para ver gordas que cantan, eso no seduce más a nadie. Para mí ha sido importante Aída como una ópera de arte total pero también como ópera nacional. He formado un coro, he buscado el ballet, he unido a todos los bailarines del país, todas las fuerzas nacionales para integrar todo. Hay 1200 personas entre técnicos y artistas, y eso es increíble para cualquier país.

¿Eso significa para usted la ópera?

Yo no creo en la elite que va a la ópera y menos en la gorda que canta y se mueve. Me interesa el público joven al que la ópera le causa desgano. Aída permite bajar este umbral de respeto, de la distancias del elitismo.

Se tiende a ver una ópera como un espectáculo para determinado grupo.

En este caso, no. Guatemala es un país que se levanta y es un país que tiene mucha riqueza. Es un privilegio trabajar la cultura aquí. Yo hice Aída para un público universal, me gustaría hacerlo para el nenito más humilde que para el intelectual más sofisticado. Y le digo, el nenito más humilde acá en Guatemala es mucho más culto que el gringo que ha absorbido sólo nociones.

¿Cómo va el montaje?

Desde hace ocho meses he estado ensayando. Estoy fascinado del equipo que he venido preparando. He creado en este país un equipo de trabajo envidiable. Hago la escenografía, vestuario, luces y puesta en escena, además la coreografía porque me interesa que la ópera sea unitaria. Yo no hago ópera tradicional. No puedo adecuarme al vestuario de época que hace alguien donde reconstruyo una época y una dimensión donde todo es abstracción, no lo ambiento a lo histórico. Lo traslado a una época aplicado a los mismos códigos a los cuales Verdi se ata, pero esta Aída puede ser leída ya sea en la guerra de Irak o en la caída de las Torres o en el Holocausto. No quise aprisionarla en una época definitiva sino universal.

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Ella es “Aída”
Bertha Granados interpretará al personaje central de la obra de Verdi
Por: Lucía Herrera

La soprano mexicana Bertha Granados ha realizado el personaje principal en óperas como Tosca, Norma, Macbeth. Ahora, interpretará a “Aída”.

En esta entrevista nos habla acerca del trabajo que realizará.

¿Cómo han sido los ensayos junto a la Orquesta Sinfónica Nacional y los otros solistas?

Entre los compañeros, a pesar de que no conocía a algunos, hay buena química. Nos acoplamos muy bien, solistas y maestros músicos, todos son muy profesionales. Estoy muy contenta con eso. Además, estamos muy entusiasmados en participar, es un honor venir a Guatemala, siempre nos tratan muy bien.

¿Qué expectativas tiene de este montaje?

Esta es la tercera producción que trabajo con Stefano. La primera fue Macbeth, luego Il Trovatore y ahora Aída. Cuando uno está en el escenario no se da cuenta de lo maravilloso que se ve de fuera, no sabes la magia que crea él con las luces, el vestuario, y la escenografía. El año pasado había arena en el escenario y cuando los figurantes pasaban con las túnicas se formaba con el polvo unas imágenes etéreas. El trabajo de Stefano siempre es muy mágico yo creo que esta producción va ser maravillosa El espectáculo va ser muy sonado aquí y en Centroamérica, porque aunque en Costa Rica tienen la tradición de montar una o dos óperas al año, no cualquier teatro se arriesga a hacer una del calibre de Aída, que decir Aída significa tener figurantes, coro y buenos cantantes, no es una ópera fácil.

¿Cómo cree que va ser el recibimiento del público en esta oportunidad?

Todo el mundo conoce la marcha triunfal de Aída, quizá no saben de todos los personajes como Radames o Amonasro, pero sí musicalmente, es precioso. Lo cierto es que la gente no sabe el gran espectáculo con que se va encontrar, hasta la piel se me pone chinita de saber cómo se va a ver tanta gente en el escenario, va ser un gran éxito.

¿Cuáles son las mayores dificultades y responsabilidades que tiene el personaje de “Aída” dentro de la obra?

Mucha responsabilidad. Es una ópera que tiene historia de ser de las más difíciles y reconocidas. En el primer ensayo terminé muy fresca de la voz, no termino cansada, a pesar que son pasajes muy difíciles, pero que he venido estudiando por mucho tiempo, vocalmente me siento muy bien, pero es un gran reto.

Luis Felipe (Girón May) siempre me dice que tenga cuidado porque hay unas partes muy graves, y no hay que usar tanto el pecho porque la música te envuelve y te empiezas a ir y si uno no lo hace conscientemente, quizá se puede lastimar. Hay agudos fuertes y partes muy sutiles, por ejemplo, la escena con el padre suplicándole que la perdone porque tiene que traicionar a su enamorado por su país. “Cuanto me cuestas patria mía tener que engañar a mi amado”.

El escenario tiene 18 grados de pendiente ¿no influirá eso en la concentración que tiene que mantener al cantar?

No, en México canté Norma y el escenario era también inclinado. Uno tiene que ensayar. Hay que estudiar y pedir que nos den movimientos para acostumbrarnos.

En la ópera participarán cerca de 600 personas. ¿No le preocupa?

Temor siempre tengo por mí misma. Antes de salir a escena uno está vocalizando, pero en realidad no sabe como le va a salir la voz. Pero además de temor por estar en el escenario, tengo gozo y el placer por estar allí con una ópera de este calibre.

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Plástica: Javier Marín
Por: Irma de Luján

Una escultura brotando desde dentro, esa es la de Javier Marín.

No creo que la escultura moderna haya creado en ningún momento o país unas cabezas como las modeladas por este escultor. Ajustadas a los relieves del pensamiento, pasionales, hendidas, con una expresión que abraza la materia, como una ruta del destino de los modelos, marcada por la garra del escultor.

Este artista ha sabido unir la fuerza más despeinada y abarrocada con tajos que proyectan sombras dramáticas o una belleza tímida. El gran dominio de la técnica escultórica que posee Javier Marín puede arrostrar todos los temas, escuelas y direcciones estéticas. Proclive a todas las abstracciones, con reacciones temperamentales y originalidad que el mismo Marín agota, posee una intención metafísica de donde surge un tema mental por esas difíciles conjunciones.

Con programas de grandes temas teóricos en donde radica la concepción de las formas, no desde la maciza materia sino desde el vacío, dejando que se consuma el corazón de la materia y haciendo corpórea y plástica su envoltura estructural. Confieso sin embargo que la genialidad de este escultor se nos aparece en su presencia más inmediata y aguda en las esculturas expresionistas.

En sus cabezas, en sus manos, más vibrantes y expresivas en algunos casos que un rostro. No es posible formular una teoría unitaria de esta fase escultórica, porque el concepto y hasta la técnica de cada obra está sujeta a revelar, hasta los últimos estratos emocionales del escultor. La más de las veces la materia con que están elaboradas estas cabezas se nos aparece rotunda y sólida, con simplicidad de planos y dureza de yunque.

En otras, la materia parece temblar. En otras cabezas hay simas y alturas como un paisaje dramático. Creo que en algunas obras no maneja una teoría preconcebida y unánime frente a sus obras.

Son estas los que le proporcionan el "fatum" plástico necesario para rebelarse en toda su potencia expresiva. Aún siendo de un realismo que agota la expresión. Para conseguir los efectos más pungentes y para ser fiel a su interpretación del modelo. Marín altera la anatomía, expresando en ellos el techo de luz y de sombra con que reparte el ser del hombre. Por eso es, también difícil apreciar una obra de este escultor por fotografía.

Hay que verlas en su totalidad plástica, en su tercera dimensión, contemplando la unidad orgánica de sus planos. Porque otra de sus virtudes es el dinamismo interno que articula todos los relieves. Todas se hallan como un vórtice expresivo, como en el ápice de una explosión emocional. Con temblor y fluidez, con todos sus esguinces en tenso juego. No es posible prever lo que Marín imagina frente a cada escultura.

Hay siempre sorpresas, tics inesperados, pasiones, alzadas de claridad y planos de sombría declinación. Son espectáculos únicos los que el escultor descubre frente a cada modelo y las cabezas y las manos resultan así tan radicalmente distintas.

En la obra de Marín cabría hablar del misterio de la faz humana. Olvidemos la deficiente instalación y la pobreza de la luz, la obra de Marín ilumina los espacios. Exposición que pudimos apreciar gracias a los servicios culturales de la embajada de México.

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