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Guatemala, viernes 16 de diciembre de 2005

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Opinión

COLECTIVO MADRESELVA
No es fácil

A los sipakapenses les toca decidir.
Por: Magalí Rey Rosa.

Hoy hace una semana nos recibió el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, en compañía de varios altos funcionarios y ejecutivos de su equipo, de la Corporación Financiera Internacional y de la Oficina de Cumplimiento (CAO); y tuvimos un diálogo muy interesante.

La denuncia de la violación de derechos de los pueblos indígenas y del creciente riesgo ambiental, asociados con el proyecto Marlin de minería química de minerales metálicos para la comunidad de Sipacapa, fue planteada.

La comunidad de Sipacapa demandó el reconocimiento del Banco Mundial a la legitimidad de la consulta, y el respeto al resultado de la misma, que fue “No a la exploración, explotación y expansión de minería de metales en territorio sipakapense”, el retiro de oficinas e instalaciones de Montana Exploradora de su territorio, garantía de que las operaciones de explotación minera no afectarán negativamente su territorio; si la compañía minera decidiera ignorar sus demandas, que el Banco Mundial retire el préstamo y su apoyo político al proyecto Marlin, y apoyo económico para financiar un programa de desarrollo para Sipacapa.

Se plantearon tres posibles escenarios: que el Banco no intervenga y las cosas sigan como hasta ahora; que el banco retire el préstamo y mande la señal de que Guatemala no está lista todavía para manejar adecuadamente proyectos de minería de metales, y que el Banco decida intervenir para enderezar un mal proceso.

Después de escuchar atentamente, el señor Wolfowitz dijo que entiende la preocupación de la gente ante operaciones de minería moderna, porque él conoce minas en Indonesia y en África y ha visto sus efectos.

Una de las cosas más impactantes que dijo fue que ha llegado a pensar que tener petróleo y minerales, lejos de ser una bendición, ha sido una maldición para muchos pueblos. El señor Wolfowitz no nos calificó de extremistas ni de insensatos enemigos del desarrollo.

Dijo que cree que se podrían haber hecho mejor las cosas, y que -sin querer levantar falsas expectativas- se deberían buscar soluciones. Que hay otros actores que tendrían que estar dispuestos a participar también, que no depende sólo de él. Impecable. Pidió entonces que se le presente una propuesta.

No es fácil entender lo que realmente pasó allá, para decidir sensatamente qué es lo que se debe hacer ahora. Esta puede ser una cancha de juego en la que las condiciones de extrema desigualdad -en poder político, capacidades técnicas y recursos económicos- entre el Banco Mundial, el Gobierno guatemalteco y la compañía canadiense por un lado; y la comunidad de Sipacapa y sus aliados de la sociedad civil, imposibilitan una victoria y hacen del empate una posibilidad muy remota.

También puede ser que ocurra un milagro. A los sipakapenses les toca decidir cómo van a responder a la propuesta del señor Wolfowitz. La justicia y la dignidad del pueblo sipakapense no se negocian.

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