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Guatemala, viernes 16 de diciembre de 2005

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Opinión

VENTANA
Viaje imaginario

“Las leyes que rigen la vida en las ciudades modernas no existen en Tzam Poc. Tzam Poc es un paraíso en el paraíso”, cantó el Clarinero.
Por: Rita María Roesch

Nuestro planeta tiene zonas que despliegan una energía especial. Son como poderosos imanes. Ejercen una misteriosa atracción para la gente que las visita. La magia de estos lugares está en que nos conectan con la naturaleza. Provocan que borremos nuestras fronteras personales para hacernos parte de un todo más grande, para fundirnos con el universo.

En estos armoniosos y mágicos lugares del planeta (como Machu Pichu, Los Himalayas, Tikal) se incrementa nuestra vitalidad en lugar de que decrezca. Se respira una inusitada libertad.

Desaparece la presión angustiosa que muchas veces provoca la vida en las ciudades populosas (“porque aprisionan el espíritu”, agregó el Clarinero). A estos lugares mágicos, que nutren nuestro ser, se les conoce como “centros de fuerza o de poder”.

Guatemala es rica en estos “centros de fuerza”. Los encontramos en la exhuberante selva petenera con su profusa biodiversidad (en vías de extinción), en sus valles, en sus lagos y volcanes donde se conservan milagrosamente atmósferas prístinas, paisajes incontaminados que evocan el cielo en la tierra. Guatemala es un pequeño universo con diversos microclimas y culturas en apenas 108 mil 889 kilómetros cuadrados.

En la columna de este viernes, estimado lector (a), el Clarinero y yo queremos invitarlo a hacer un viaje imaginario. Queremos que nos acompañe a un lugar mágico que conocimos recientemente en uno de los “centros de fuerza” más poderosos de Guatemala y del mundo: el Lago de Atitlán.

En el paraíso de Atitlán se encuentra un lugar mágico que se llama Tzam Poc o Punta Arena en kakchiquel. Tzam Poc es un refugio soberbio. Está ubicado en un punto incomparable del pueblo de Santa Catarina Palopó. Lucio Mamberto, italiano de nacimiento pero guatemalteco de corazón, lo diseñó y lo construyó.

Pongámosle “alas” a nuestra imaginación. Durante algunos segundos “viajemos” hasta el Lago de Atitlán y visualicemos (es como soñar despierto) que llegamos hasta ese paraíso. Respire lentamente ...afloje los músculos del cuerpo... nos sentimos livianos... imagine el cielo sin una nube, lo vemos límpido.

En el horizonte del cielo, como una aparición de ensueño, va surgiendo el brillo del espejo de agua del lago. El agua es azul turqueza y le hace eco al cielo. Vemos cómo el viento sopla suave sobre la ladera de una montaña poblada de pintorescas casas. Estamos en el bello pueblo de Santa Catarina Palopó.

Empezamos a subir un camino sumamente empinado. Las casas se van quedando abajo, hasta que llegamos a la entrada de Tzam Poc. Este rincón paradisíaco, que tiene sólo cuatro villas o habitaciones, fue trazado con un estilo arquitectónico que podría llamársele “mediterráneo tropicalizado”.

Las paredes, las terrazas, las veredas que nos llevan a los jardines, son onduladas, sugerentes como las olas del lago. El diseño acogedor del complejo, distribuido en varios niveles, nos invita a descubrir, a contemplar, a meditar, a olvidarnos del estrés. Sentimos la oleada de calma, de paz, de silencio feliz en el jardín zen, o al acomodarnos en los sofás fundidos con cojines revestidos de telas chapinas de mil colores.

Caminamos a través de terrazas bordeadas por muros bajos, curvos, blancos y sembrados con palmeras que están en flor. Bajamos algunas gradas. Nos sorprende un bar redondo con techo de paja. En el siguiente paso ¡nos chocamos con el paisaje celestial del lago sereno, los volcanes majestuosos (Tolimán, Atitlán y San Pedro) y escuchamos al viento susurrar estas palabras ¡ri muxux caj ulueu! (el ombligo entre el cielo y la tierra).

La piscina parece flotar en el aire. Dos fuentes de agua que son cabezas gigantes, de corte olmeca, nos invitan a quedarnos eternamente allí para dialogar con el lago. Es el lugar ideal para leer los versos de un poema.

(Invitación al Viaje) de Baudelaire que parecen describir el ambiente de Tzam Poc cuando dice: “...todo es hermoso, tranquilo, honesto... donde la vida se respira suave, donde el desorden, la turbulencia y lo imprevisto no existen...”

Regresamos. Respire profundo. Antes de entrar de lleno en el día, pregúntese, si le gustaría hacer realidad este viaje imaginario alguna vez...

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