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Diviértase con sus hijos
Jugar es la máxima expresión de sentimientos. Nunca se canse de hacerlo
Por:
Patricia Orellana
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| Al momento de jugar con sus hijos atienda sus intereses, la mayoría de casos están determinados por la edades. |
Deje por un lado, y tan sólo por unos minutos, el estrés que el trabajo, la falta de dinero, los quebrantos de salud o cualquier otro problema puedan provocarle, y saque a flote a ese ser inocente que lleva dentro.
También libérese de los prejuicios y de su “tacuche” de oficina... en dos palabras: “sea niño”, ésa será la mejor manera de compartir con sus retoños y una excelente herramienta para comunicarse con ellos, explica el psiquiatra y terapeuta familiar Otto Dany de León.
En estos tiempos en los que “todo mundo” vive de prisa, los adultos son los primeros en ignorar que “la actividad esencial y central de la niñez es precisamente la de jugar libremente”, cita la educadora colombiana Ángela Marulanda autora del libro Creciendo con nuestros hijos, y qué mejor que en ésta formen parte activa los padres.
Calidad no cantidad
El tiempo suele ser más que un problema, una gran excusa para no jugar. Sepa que sus hijos no van a entender que usted llega agotado (a) porque lo único que desean es divertirse con su papi o mami. Dedíquele por lo menos 15 minutos diarios exclusivamente para recrearse.
Hay actividades que no requieren mucho tiempo y se disfrutan, como las manitas calientes, mímica o contarle un cuento breve y dramatizarlo antes que se duerma, señala Aguirre. Mientras más grande esté, siéntese con ellos a resolver crucigramas o armar rompecabezas complejos de 500 ó 1000 piezas y cada día formen partes.
Esto será mejor que llenarlos de juguetes caros, pues el niño necesita interactuar con personas más que con objetos. Está bien darlos como un premio, porque sino está bien encauzado puede llegar a reducir su valía a la cantidad de juguetes costosos que tiene, opina de León.
Beneficio a todo nivel
El juego por sí solo se convierte en una experiencia multidimensional que desarrolla todo su equipo motor, sensorial y cognitivo, y cuando en éste intervienen los seres que lo trajeron al mundo, se adhiere el aspecto emocional. Se sienten queridos porque sus padres les prestan atención. Como consecuencia crecen más seguros y con su autoestima enriquecida, afirma Ludmilla Aguirre.
La importancia también radica en que los chicos o adolescentes necesitan identificarse a través del juego con quienes constituyen los primeros representantes del amor que conocen. Después son sus hermanos y luego los compañeros del colegio, añade de León. De tal manera que, como indica Marulanda, las actividades lúdicas brindan destrezas que los chicos necesitan para convertirse en seres competentes.
Satisfaga sus gustos
Al momento de jugar con sus hijos atienda sus intereses, la mayoría de casos están determinados por la edades. A los tres años les gusta explorar. Sus juguetes deben ser de colores llamativos y diferentes texturas para estimular sus sentidos.
A esta edad, disfrutan jugar a escondidas porque cuando sus padres o hermanos lo buscan se sienten importantes. De cuatro a ocho años, forme rompecabezas o juegos de mesa como memoria, que estimulan el intelecto.
Según crecen, proporcióneles los que desarrollen su autonomía y les permita tomar decisiones, como el vídeojuego, un recurso que les provee destrezas mentales si hace una buena selección de las versiones y no se abuse de éstos.
Para todas las edades
Al entretenerse con sus retoños también considere la personalidad de ellos y si difieren, lleguen a un acuerdo en el que un día se complazca a uno y luego, a otro. Los juegos que son excelentes a cualquier edad son los de mesa (dominó, rummy, etc) y de contacto físico (tenta, twister y arranca cebolla).
Los primeros estrechan las relaciones porque se emplea un espacio limitado para su práctica en el que todos conviven. Con los segundos, - los cuales a criterio de de León deben permanecer siempre-, aprenden a comunicarse. Mientras menos lo hagan, serán tímidos y poco sociables. Además, por medio del contacto físico se fortalece el amor entre padres e hijos, dice Aguirre.
Fuentes consultadas: Psiquiatra Otto Dany de León: 5708-2291, terapeuta Ludmilla Aguirre: 2360-8552. Fundabiem: 2478-4328
Para todos hay
Si usted es padre o madre de un pequeño que tiene alguna discapacidad también debe aprender a jugar con él. Aunque en nuestro país no existan juguetes específicos para tratar algún problema, tenga claro que lo más importante es que usted haga buen uso de su creatividad y le saque provecho a éstos, explica Lucy Oliva, terapeuta ocupacional de Fundabiem.
La médico Silvia Ortíz, también del centro en mención, explica que a través del juego, desarrollarán sus habilidades. Por ejemplo, los sensoriales, en los que tenga que escuchar o tocar, son bien empleados en quienes tienen deficiencia visual. Las actividades en donde se requiere que el niño patee una pelota, agite sus brazos se sugieren para tratar dificultades motrices producto de algún tipo de parálisis cerebral.
Todos aquellos en los que se reproduzcan sonidos onomatopéyicos serán de gran utilidad para los que tienen problemas de lenguaje, y los imitativos como mímica son ideales, para infantes con grados de sordera ya que hay que enseñarles a que se expresen a través del lenguaje gestual, añade Ortíz.
Los de ensamblar son de gran ayuda para los chicos con problemas para coordinar los movimientos finos de manos y dedos, puntualiza Oliva.
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