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Guatemala, domingo 13 de febrero de 2005

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Opinión

EDITORIAL
El ferrocarril no camina bien

La privatización del servicio ferroviario en Guatemala, que llevó a cabo el gobierno del presidente Álvaro Arzú en 1997, ha resultado un gran fiasco para el país, que casi siete años después sigue virtualmente privado de un servicio que en otras latitudes contribuye al desarrollo.

La concesión que se hizo de los derechos y bienes de Fegua a favor de Ferrovías de Guatemala, una subsidiaria de Railroad Development Corporation (RDC), de Pittsburgh, Estados Unidos, se hizo de manera silenciosa en aquel entonces, y poco o nada se supo de las condiciones en que la nueva operadora del ferrocarril adquiría potencialmente uno de los servicios más cotizados en muchos países.

El tiempo ha transcurrido, y Ferrovías no parece tener ni la capacidad de inversión ni el interés, mucho menos el respaldo financiero de RDC, para cumplir con los pocos compromisos a los que se obliga de acuerdo con el contrato suscrito en su oportunidad.

Aunque todas las privatizaciones llevadas a cabo durante la administración Arzú fueron severamente criticadas por la forma poco transparente en que se llevaron a cabo, se debe reconocer que las demás dieron al menos el fruto esperado en mejoramiento de los servicios, algo que no ha sucedido con el ferrocarril, que sigue siendo una pérdida para la economía del país, que no recibe los beneficios que podría de este transporte comercial.

Después de siete años, sería más que oportuno que el Congreso revisara las condiciones e incumplimiento que se han dado en los plazos de inversión. Hay que recordar que las condiciones en que Ferrovías recibió los derechos fueron más que beneficiosas.

En aquel entonces se mencionó que incluso se había favorecido al grupo nacional que, dicho sea de paso, nunca se ha sabido quién o quiénes lo representan.

Lo que se busca con las privatizaciones es volver operantes las empresas que los Estados suelen manejar de manera ineficiente. Fegua era el claro ejemplo de ello.

Sin embargo, si Fegua había llegado a su peor momento y ya ni siquiera corrían los trenes en sus últimos años, también es cierto que la nueva operadora no ha podido ir mucho más lejos y apenas si se ha cubierto un trecho en el norte con contados viajes semanales, que ni siquiera han servido para proyectar a la empresa a un nivel competitivo y eficiente en el transporte de mercaderías.

Lo peor de todo es que pareciera que los planes de Ferrovías están absolutamente estancados.

Sus primeras administraciones anunciaban la introducción de los trenes de pasajeros y de carga, así como la construcción de nuevos ramales. Con el paso del tiempo, más bien pareciera que los operadores están a la espera de algún milagro o proyecto ajeno al ferrocarril para sacar provecho a su jugosa y beneficiosa concesión.

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