|
LA BUENA NOTICIA Sólo Dios
El dramatismo con que el Hijo de Dios se confronta con Satanás nos recuerda que la vida humana está tejida de opciones de alcance ético y moral.
Por:
Mario Alberto Molina
Hoy, primer domingo de cuaresma, la Iglesia propone a la meditación de los fieles la escena de las tentaciones de Jesús. Es un pasaje estremecedor en su dramatismo, insondable en sus implicaciones y a la vez sencillo en su desarrollo narrativo.
Jesús se retira al desierto y allí realiza un ayuno portentoso de cuarenta días, al fin del cual tiene hambre.
Entonces se le acerca Satanás, la personificación de todo lo que es contrario a Dios y a sus planes, y le hace tres propuestas.
En la primera, Jesús debe utilizar su poder como Hijo de Dios en beneficio propio para resolver su hambre de modo milagroso; en la segunda Jesús debe poner a prueba a Dios, para ver si está dispuesto a rescatarlo del peligro; en la tercera Jesús debe aliarse con Satanás para obtener el poder en este mundo.
Jesús responde a cada propuesta con palabras que expresan su absoluta fidelidad a Dios, como Seńor supremo, a quien no hay que poner a prueba para corroborar su lealtad y quien nos enseńa que es necesario recibir el alimento espiritual además del pan corporal.
Tras su fracaso, el diablo se retira y ángeles de Dios asisten a Jesús en su necesidad.
Las tres tentaciones de Jesús son tres posibles corrupciones de la religión, que Jesús desecha, mostrando así cuál es su auténtica forma.
La religión no es un modo de instrumentalizar a Dios para obtener beneficios personales y temporales, sino escucha obediente a su Palabra.
La religión tampoco es un seguro contra todo peligro, de modo que el creyente puede ponerse en riesgo, pensando que Dios de todas formas tendrá que auxiliarlo, sino que es actitud de fe en Dios, para vivir el futuro con confianza puesta en él.
La religión no es compatible con ninguna alianza con otro poder, menos todavía el poder del mal, porque la religión es alianza con la verdad, el bien y la belleza y reconocimiento confiado, sencillo y gozoso de que solo Dios es Seńor y Padre.
En nuestros tiempos, cuando la proliferación de religiones hace temer que se haga pasar por tal lo que en realidad es una amenaza para la integridad y la salud personal y social, estos criterios son de especial utilidad.
El dramatismo con que el Hijo de Dios se confronta con Satanás nos recuerda que la vida humana está tejida de opciones de alcance ético y moral. Las implicaciones de la respuesta de Jesús muestran que no cualquier emoción puede pasar por verdadera religión.
La sencillez del relato nos indica que este discernimiento es posible hasta para el más humilde y carente de estudios, pues la verdadera religión es una opción al alcance de todos.
|