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Hablando Claro: Solidaridad
Opinión: César A. García E.*
Una amable lectora, me hacía ver a través de un correo electrónico -hace ocho días- que el problema del hambre en nuestra patria se exacerba por nuestra falta de solidaridad, y que obviamente todos somos responsables en alguna medida de este flagelo.
Le concedo toda la razón y así lo he sostenido en otras oportunidades; los problemas estructurales de nuestro país que nos perfilan como una nación con serias deficiencias en temas relacionados con el desarrollo humano y nos ubican en las posiciones menos afortunadas en muchos de sus índices, son indiscutiblemente, responsabilidad de todos, y podremos resolverlos, siempre que estemos dispuestos a contribuir todos.
Es obvio que alguien debe fijar la pauta, y sin duda corresponde que el gobierno lo haga; como indicamos en las semanas anteriores el tema se convierte en importante, siempre que se le de prioridad, divulgación y relevancia, caso contrario, seguiremos viviendo dos realidades en una misma nación.
La primera en la que nos desenvolvemos la gente con trabajo, comida los tres tiempos y vidas relativamente normales, la segunda el submundo que nos negamos imprudentemente a ver…el mundo de los menesterosos, el que crece como una plaga silente, el que es presa fácil del crimen, y el que pronto terminará por rodearnos, quizá cuando sea demasiado tarde.
La situación la describo como calamitosa, porque así lo es, no estoy exagerando, Guatemala -sin darnos cuenta- se convirtió en una nación en donde la gente se muere de hambre, ya no es necesario ver reportajes de niños somalíes en condiciones deplorables, ya no es necesario mandar un giro a una nación lejana para evitar la muerte de infantes, ellos están con nosotros, habitan a muy pocos kilómetros de nuestro hogar.
Pasamos de ser un país con desigualdades sociales obvias, a una nación con doloridos contrastes; entre vida y muerte, entre plétora e inanición.
Ante ese panorama, resulta urgente que el gobierno, líderes políticos y la sociedad civil, escuchen la voz que clama por subsistencia, Guatemala no será viable si seguimos soslayando el problema.
Veamos -en las gráficas- como contrasta nuestra situación de hambre con El Salvador, Costa Rica y Panamá, simplemente no hay relación y evidentemente tampoco existe una justificación convincente.
El caso de Costa Rica reviste particular importancia, pues si notamos la proporción del Producto Interno Bruto correspondiente a Gasto Social, versus la mínima proporción que para nuestro país significa ese importante rubro, nos damos cuanta de inmediato que las diferencias son abismales, provocando también resultados muy disímiles.
En conclusión -una vez más- no podemos pretender resultados distintos si el tema del hambre no se convierte en la principal prioridad; el combate al hambre y la pobreza debe de dejar de ser una bandera política que esgrime cualquier inescrupuloso con sueños de poder, y convertirse en emergencia nacional, en el que nos involucremos todos.
Como antes indiqué la pauta es menester que la fije el Gobierno, subiéndole de tono a su subprograma “Guate Solidaria”, quizá debiera empezar por erradicar de tajo gastos superfluos, promover la reducción del congreso, cerrar ministerios anodinos, reducir al mínimo el número de asesores, entre otras cosas.
Si la prioridad del gasto público obedeciera el orden de los tres primeros artículos de nuestra constitución, la realidad del país, cambiaría radicalmente para bien.
“ARTICULO 1.- Protección a la Persona. El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común. ARTÍCULO 2.- Deberes del Estado. Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona ARTICULO 3.- Derecho a la vida. El estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona”.
*Presidente Certeza Consulting, S.A. www.certezaconsulting.com
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