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Guatemala, martes 22 de febrero de 2005

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Opinión

PERSPECTIVAS
No a todo se debe decir sí

La palabra prioridad está descontinuada, no se usa con frecuencia.
Por: Renzo Lautaro Rosal

El populismo es una forma de gobierno generalizado a lo largo y ancho de nuestro continente americano. Se ha hecho “común” en aquellas naciones que aún muestran debilidad en sus procesos políticos, que tienen un Estado débil atribulado por las contingencias del corto plazo; en síntesis, que tienen democracias jóvenes.

Guatemala es claro ejemplo de cómo este tipo de gobiernos va ganando terreno a partir de un discurso que pretende dar respuestas a toda cuanta demanda se presente, especialmente las planteadas por los sectores marginados. Con ello, toman distancia de los gobiernos de élites, que han ejercido el poder político tradicionalmente.

Los gobiernos populistas han sido una opción en Guatemala. Aún cuando nuestra memoria sea corta, todos los guatemaltecos nos recordamos de forma trágica lo sucedido con el FRG. Su llegada al poder y primeras acciones fueron una especie de espuma de cerveza; así como tuvo un mayoritario apoyo popular, de esa misma forma perdió credibilidad rápidamente hasta fracasar su proyecto político y presenciar el traslado del poder a un gobierno que en papel parecía marcar una distancia considerable.

Sin embargo, el desarrollo confuso de lo observado hasta el presente me hace pensar que el populismo no está muerto, quizás ha tomado un color distinto, tiene otras manifestaciones, se ha renovado; pero continúa. La figura del presidente de la República como signo de unidad nacional, está en segundo plano. Ya nos acostumbramos a la presencia del principal dignatario de la nación en todo cuanto evento público se lleve a cabo.

A toda demanda tiene una respuesta afirmativa. La palabra prioridad está descontinuada, al menos no se usa con frecuencia.

¿Qué futuro puede tener una nación, que se enfrenta a un listado interminable de temas no resueltos, que se amplía semana tras semana incluso con temas que no le son propios e inclusive son impuestos sin ningún tipo de justificación? ¿No nos hemos dado cuenta los guatemaltecos que nuestra historia nos obliga a no repetir los capítulos que han resultado en fracasos o en respuestas a medias?

No soy de la idea de que a toda demanda se debe responder en forma afirmativa. No comparto el estilo de hacer gobierno que se caracterice por tratar de mantener o aumentar su credibilidad a partir de respuestas clientelares. El margen de error puede ser alto y resultar en contraproducente.

Nuestro Estado es débil y casi inoperante; por lo tanto no resiste a una carga de solicitudes. Por tanto, mientras se fortalecen ciertas capacidades estatales, se deben atender los nudos claves. No todo lo que se demanda tiene el mismo nivel de importancia. Saber gobernar, significa entre otros rasgos, diferenciar las urgencias de lo estratégico, unos temas son expresiones, otros son causas; cada una de estas rutas requieren respuestas y equipos distintos.

Una labor fundamental del equipo de gobierno consiste en formar ciudadanía, es decir, ayudar a educar a la ciudadanía a construir y vivir en democracia. Poco a poco los guatemaltecos debemos aprender que la figura del presidente no corresponde a un ser que lo puede todo; que nuestras demandas son únicas y más urgentes que las de los demás.

Insisto con una idea expuesta en otras columnas: el gobierno del presidente Berger tiene una brillante oportunidad; no repetir el mismo modelo que ha sido común en nuestra historia, demarcarse del populismo barato o de la atención privilegiada a las élites.

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