Logo

Guatemala, martes 22 de febrero de 2005

img
img
img
img
img
Ejemplo: dd/mm/aa
img img
logologo
img img
img img img Guatemala, martes 22 de febrero de 2005 img img imgimg
spacer
img img

Cultura

Plástica: El Coleccionista
El mercado del arte
Por: Irma de Luján

A la obra de arte poco a poco se le ha ido privando de su espiritualidad (hoy en día se vende por parcelas de 1 centímetro cuadrado, obviamente para que el precio aumente).

Desde los grandes muralistas del pre-románico, el artista buscaba y la encontró la gloria de Dios, pero también buscaba la belleza, la grandeza y la idea y en no pocas cosas la trasgresión, el ejemplo más claro lo tenemos en los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, en donde se dan los enunciados ya mencionados.

Al suprimirle al artista a Dios, casi exclusivamente como fuente de inspiración, se inicia lo que se ha dado en llamar “Arte por el Arte”. Para muchos coleccionistas o “vendedores de arte” esto no fue una razón suficiente. Es en este momento cuando entró en juego “el culto al dinero”.

Esto viene de lejos, probablemente en el momento trascendental de la Revolución Francesa.

Cuadros, esculturas y aun iglesias se les separo de su vocación primera, a la obra de arte se le transformó en obra simplemente. El aura de espiritualidad quedó de lado, aunque lo sublime de lo estético jamás se le podrá despojar. A partir de estos momentos cruciales para el arte, el criterio de apreciación llega a ser relativo.

Hegel intuyó la importancia que el propio artista le da a su creación. Por ejemplo, en la obra de Marcel Duchamp Especulaciones, cuando se le pregunta al artista, “¿Se pueden hacer obras que no sean arte?” Duchamp contestó “Sí”. Para una pregunta equívoca, una respuesta categórica.

Pero este sí dejó abierta la puerta a los más variados vagabundos plásticos que hoy vemos.

Aunque sin lugar a dudas este sí se involucró al mercado del arte desde este momento la premisa de que “arte es todo aquello susceptible a producir dinero, también surge el culto a la persona”.

Los ejemplos son alucinantes, como un cuadro bueno o malo, pero que perteneció, digamos, a Elvis Presley, la cota de la obra tiende a subir; un collar de perlas falsas que perteneció a la Sra. Jacqueline Kennedy Onasis se vendió en 211,500 dólares (precio real $30). Algunos años más tarde este collar (o su réplica) se vendió en 34.40 millones de dólares.

En 1977, los ochenta trajes de la Princesa de Gales, que ella ya había promovido llevándolos en ocasiones muy especiales, se vendieron en Christie´s, en 3.2 millones de dólares. Estos objetos no son dignos de ser tratados como “obra de arte”, aunque con ello surge un nuevo tipo de coleccionista ligado al frenesí del consumo.

Este nuevo coleccionista es el coleccionista de la pacotilla, que compró también los aleros de la Sra. Kennedy, o un trozo de pastel petrificado de la Duquesa de Windsor, desde luego, no dejaron sus nombres por obvias razones.

Puesto que todo puede pasar por arte, y un objeto puede transformarse en paradigma digno de ser acumulado, es necesario desarrollar una sensibilidad para decir qué es bello y qué no lo es, qué es arte y qué es pacotilla.

Por eso vemos varios tipos de coleccionistas, el que compra arte, porque ésta le da “estatus” a su casa, el arte para este coleccionista y su valor más importante es el monetario, no el estético. El coleccionista auténtico sin mayores conocimientos de arte, pero con gran intuición, sabe qué es bueno y qué es lo que se desecha, compra con respeto al artista, evitando el odioso regateo.

Además, en esta sección:

 

Copyright © 2000 - 2007 Prensa Libre, S.A. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

 

img img
spacer
Ciudad Guatemala
15°C Min, 24°C Max
Principalmente soleado.
 
img
img

US$1.00 Q 7.62134

img
img