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CATALEJO Los 20 años de la Constitución
La Constitución actual tiene valores positivos cuya permanencia es un factor de gran importancia política y social.
Por:
Mario Antonio Sandoval
HAN PASADO 20 AÑOS desde el primer día de vigencia de la Constitución actual de Guatemala, y por ello es un buen motivo para hacer un recordatorio de todas las circunstancias del país y del mundo en esos años. Se trata de una Carta Magna poseedora de una serie de valores intrínsecos muy importantes, muchos de ellos ahora olvidados por las generaciones actuales. La Guatemala de este primer lustro del tercer milenio es sumamente distinta a la de la mitad del turbulento octavo decenio del siglo XX. Y la Constitución se ha mantenido enhiesta, a pesar de los cambios hechos nueve años después de haber sido promulgada. Se le debe cuidar, y aunque necesita ser adaptada a nuevas realidades, la tarea de tocarla lleva implícitos riesgos muy serios.
LA CONSTITUCIÓN fue redactada por una Asamblea Constituyente electa por el 71 por ciento de los votantes del país, quienes en esa forma demostraron su apoyo a la democracia. Los guatemaltecos nos recuperábamos no sólo de la negra noche del gobierno de Lucas, sino del horror del régimen teo-circense y tragicómico de Efraín Ríos, con su riesgo de irlandización del país al haber marcado la división entre católicos y no-católicos, luego de más de cien años de libertad de cultos. En el panorama político surgía la Unión del Centro Nacional como una opción política equilibrada entre la derecha y la izquierda, y los tradicionales partidos MLN y PR empezaban a dar muestras de la enfermedad política causante de su muerte pocas elecciones después.
EL NUEVO GOBIERNO militar comprendió la necesidad de llamar a una Constituyente y lo hizo, sin presentar ahijados. La Constituyente, por haber sido integrada por representantes de todos los sectores, creó una Carta Magna de acuerdo con el criterio general, no con las ideas de abogados constitucionalistas. En ese sentido es muy legítima. Además, tuvo entre sus integrantes a una verdadera selección de personas de gran importancia, unidas por el ideal de instalar las bases de un nuevo país. Por eso, ninguno de los congresos posteriores fue superior en cuanto a la calidad general de sus integrantes. La actuación de estas personas, si bien también tenía en muchos casos válidas motivaciones políticas, era sobre todo a favor de no desaprovechar una oportunidad.
ELLO SE DEMUESTRA EN las instituciones creadas por los constituyentes: la Procuraduría de los Derechos Humanos, la Corte de Constitucionalidad y el Tribunal Supremo Electoral, y con las leyes constitucionales de hábeas corpus y de libre emisión del pensamiento. La misma Constitución comprobó su validez y su capacidad de supervivencia con motivo del grotesco intento del delincuente Jorge Serrano. Las reformas posteriores, aprobadas por un escuálido 14 por ciento de los electores, no le causaron daño suficiente a la solidez de la base ético-político-jurídica de los constituyentes electos en 1984. Por eso creo un verdadero orgullo el haber sido parte de quienes contribuyeron en la medida de sus posibilidades a dar a Guatemala una Constitución permanente.
LAS CIRCUNSTANCIAS han cambiado. Se habla de la necesidad de hacerle cambios y adaptaciones a la Constitución, lo cual es cierto. Pero de admitir eso a estar de acuerdo con poner el texto constitucional en manos de un Congreso como el actual, hay mucho trecho. Tiemblo sólo con pensar en la posibilidad de dar a los diputados del FRG la oportunidad de alterar un texto constitucional. No confío en la capacidad de discernimiento de los diputados de otros grupos. Tampoco me siento tranquilo al pensar en la posibilidad de cumplimiento de un pacto entre los políticos para aprobar sin alteraciones los cambios decididos por una selección de personas llamadas a redactarlos Y sugerir una nueva asamblea constituyente es un ejemplo de humor negro.
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