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Guatemala, lunes 06 de junio de 2005

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Buena Vida

Atrapados por el licor
Los hijos de personas alcohólicas también sufren
Por: Lucy Calderón Pineda

Foto de portada
Por fortuna, tanto niños como adultos con padres, familiares o amigos adictos al alcohol y otras sustancias pueden acudir a diversos grupos de apoyo que los orientan sobre cómo salir adelante.

Cuando mamá o papá son alcohólicos, los daños físicos y emocionales que les provoca su enfermedad no los padecen sólo ellos.

También resultan afectados los hijos, y aunque la mayoría de veces sufran en silencio, las consecuencias siempre salen a flote.

¿La razón? Los niños requieren de la base emocional de sus padres para formar su autoestima, la imagen que tienen de sí mismos, y poder desenvolverse en el mundo exterior.

Sin embargo, cuando crecen a la deriva, a causa del distanciamiento entre sus progenitores debido a constantes peleas y el mal humor o depresión que mantiene uno de ellos por la impotencia frente a la adicción de su pareja, se genera un ambiente hostil que los hace olvidar el cuidado, amor y atención que le deben a sus pequeños.

La relación familiar se torna cerrada, ya que tanto adultos como infantes evitan que se conozca el problema. “Esconden el alcoholismo, porque es mal visto, vergonzoso”. Además, el adicto es quien impone las reglas, pero su realidad está trastornada, por lo que prohibe hablar y expresar sentimientos.

Los chicos entonces aprenden a vivir con temor, a ver a sus padres y a ellos mismos de forma distorsionada, es decir, asumen roles que conllevan actitudes (por ejemplo, buen comportamiento, rebeldía, asilamiento o timidez) que no denotan su verdadera personalidad, pero los protegen y ayudan a conservar el equilibrio, las apariencias, explica la sicóloga Denisse Buscayrol.

¡Qué frustración!

Los infantes quisieran compartir con sus padres momentos de alegría y confianza, pero en lugar de eso tienen que reprimir sus deseos de salir a divertirse juntos, porque él o ella no llegó a dormir, le restringieron el ingreso a casa, o está tirado (a) en la cama pasando la borrachera.

En otros casos hasta tienen que encerrarse en sus habitaciones o esconderse debajo de una cama para no sufrir agresiones. Pero hay quienes les resulta imposible abstenerse de intervenir cuando su mamá o hermanos son golpeados y también reciben más de algún puñetazo.

Por si fuera poco, las peticiones que le han hecho a su ser querido para que deje de beber, incluso en nombre del amor que pueda sentir por ellos, tampoco les dan resultado. “Si hijo (a), te prometo que no vuelvo a tomar”, pero al siguiente día, semana o mes, la escena se repite.

Entonces, ¿qué pueden experimentar ante la situación?: ira, enojo, culpa, dolor, tristeza, miedo, son muchas las emociones que los invaden y desconocen cómo manejarlas.

A eso también se debe su cambio de comportamiento, las malas notas escolares y hasta su inicio en el alcohol u otras drogas, comenta la sicóloga Antonieta Solórzano, coordinadora del Departamento de Sicología de la Comisión contra las Adicciones y Tráfico Ilícito de Drogas de la Vicepresidencia de la República (SECCATID).

Más repercusiones

Si estos niños y adolescentes no reciben ayuda para comprender que no son culpables de la enfermedad de sus padres, cuando crecen se convierten en “niños con cuerpo de adultos”, porque les ha sido imposible superar sus miedos y amenazas.

Buscayrol indica que son incapaces de confrontar responsabilidades, se sienten incómodos, como si no pertenecieran a ningún lugar. Casi nunca experimentan satisfacción por sus logros y la frustración es mayor si a pesar de los esfuerzos efectuados, sus padres no abandonaron el alcohol.

Su incursión en la drogodependencia y relaciones de pareja conflictivas (se estima que el 60 por ciento de estos individuos busca gente similar), además de la genética, imitación y baja autoestima, ocurre porque es lo único que conocen. Se sienten atraídos por el deseo de cambiar a otros, ya que sólo así se sienten valorados, útiles.

Lourdes de 49 años, y quien lleva ocho de asistir al grupo de apoyo para familiares y amigos de alcohólicos Al-Anon, porque su padre bebía, comenta: “Los hijos de personas con esta enfermedad siempre andamos viendo a quién salvar, buscamos amor, aceptación y aprobación en los cuatro puntos cardinales.

Perdemos nuestra identidad al vivir en función del pariente alcohólico, por eso experimentamos la sensación de no saber quién somos, y también a esto se debe la necesidad exacerbada de encontrar en otros lo que tenemos que prodigarnos nosotros mismos”.

Un día a la vez

Por fortuna, tanto niños como adultos con padres, familiares o amigos adictos al alcohol y otras sustancias pueden acudir a diversos grupos de apoyo que los orientan sobre cómo salir adelante.

A Alateen, entidad aliada con Al-Anon, pueden acudir jóvenes entre 12-20 años que vivan en circunstancias como las mencionadas. Allí, con base en 36 principios de recuperación (12 pasos, para el nivel personal; 12 tradiciones que ayudan a mantener la unidad dentro de los grupos y en todo ambiente; 12 conceptos, para tener claros los parámetros de servicio), aprenden que son responsables únicamente de su propia vida.

Se efectúan dinámicas según el tema que hayan planteado en la sesión. “Es un espacio donde cada quien expresa lo que siente, desde luego, sin ofender. Tampoco se habla de los familiares, sino cómo a pesar de las tristes experiencias se posee la capacidad de superarlas”, enfatiza Lourdes, coordinadora de uno de estos grupos de adolescentes.

También se recomiendan lecturas de reflexión diaria y se indica que cuando sientan mucha ansiedad pueden comunicarse con la madrina o padrino de su sede (quien tiene más de dos años de experiencia dentro del programa), para que los asesore.

Según comenta Lourdes, a veces a estas reuniones acuden los chicos obligados por sus padres o familiares que saben del problema, o bien, por su inadecuado comportamiento, los remiten de manera obligatoria los centros educativos. Pero conforme conocen el ambiente y se dan cuenta que no son los únicos que viven tal situación, después llegan por voluntad propia y con mucha alegría.

Mientras, Al-Anon es para adultos que padecieron durante su infancia por el alcoholismo de un familiar, pero que a pesar de ya no convivir con él o ella, siguen sufriendo las consecuencias.

Otras opciones

El Centro de Tratamiento Ambulatorio y Rehabilitación de SECCATID atiende tanto a las personas adictas como a sus familiares. Se les brinda sin costo alguno, orientación sicológica grupal e individual, así como terapias ocupacionales. Entre los requisitos más importantes para ser admitidos están: no consumir, asistir periódica y puntualmente a las sesiones.

Solórzano señala que el enfoque del abordaje integral es ayudar a los participantes a mejorar su conducta, a recuperar y conservar su autoestima, motivarlos al cambio positivo, y también se evalúan los resultados.

Por otra parte, Buscayrol enfatiza sobre la importancia de que los niños reciban terapia, puesto que es una manera de prevenir que sufran cuando les corresponda interactuar con otras personas.

Los mayores de edad pueden acudir al grupo Hijos Adultos de Familias Disfuncionales (abarca todo tipo de adicciones) que se reúne en 3a. ave. 12-13, zona 9, Edificio El Bonsái, 2do. piso, local 16, los lunes a las 19 horas. Allí trabajan para que aprendan a quererse, valorarse y dejen de vivir en constante trauma.

Los números telefónicos de los entrevistados son: sicóloga Solórzano, Seccatid: 2361-2626 ó 28; sicóloga Buscayrol: 5709-6936; Al-Anon y Alateen: 238-3789 (de 9 a 13 horas).

Clave del éxito

Cuando se acepta que la responsabilidad de la vida propia es individual y no se puede cambiar a otros, se avanza en la recuperación de habitar o haber formado parte de un hogar disfuncional.

Los grupos de apoyo enseñan herramientas para protegerse emocionalmente de los efectos que provocan las relaciones con personas adictas.

También impulsan la importancia de crecer espiritualmente, según la religión o creencias que cada quien profese.

Lo ideal es recibir ayuda terapéutica en la infancia, para que al salir al campo de juego que es la vida, se alcance el éxito en todos los ámbitos.

El Estudio Nacional Desregulación Sicológica y su Relación con el Consumo de Drogas en Jóvenes Adolescentes Guatemaltecos, 2002, efectuado por SECCATID, señala entre las causas que empujan a los adolescentes al consumo de drogas, los problemas de adicción de los padres o hermanos y las malas relaciones familiares.

También indica que quienes se tornan adictos enfrentan mayor riesgo de integrarse a maras, abandonar la escuela, tener embarazos tempranos, y efectuar actos suicidas.

En cifras

52% de niños en edad escolar (12.5-13.5 años) había bebido alcohol una o más veces en su vida en 2002; 37% había tenido problemas a causa de esto y varios indicaron tener parientes adictos.

La muestra fue de 8,500 (12-20 años).

8 veces más es la probabilidad que tienen los niños que han bebido alcohol alguna vez en su vida de usar marihuana y cocaína, mientras que en las niñas tal riesgo es de cinco veces (SECCATID).

Además, en esta sección:

 

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