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COLABORACIÓN Preámbulos de la Tercera Guerra
Estados Unidos está hundido en un baño de sangre espantoso
Por:
Julio Maza
En el mundo hay serios proble- mas. Señalarlo no es alarmismo, sino simple relación de factores y hechos.
Hay más de dos causas, pero las más significativas son el petróleo y la súper población. La miseria, el hambre, la ignorancia y la salud demuestran que las doctrinas en que apostamos el siglo pasado han fracasado rotundamente.
Algunos lo vimos, pero no fuimos escuchados. Recuerdo a mi entrañable amigo Pedro Julio, quien apoyó la causa en los años 50 para frenar la explosión demográfica y sólo nos sacamos ser vilipendiados.
El más grande genio que tuvo Guatemala en esta causa fue Jorge Arias Deblois, quien tampoco fue escuchado.
El petróleo es hoy un arma letal tiene a dos mil millones de seres humanos de rodillas, implorando clemencia.
Está en manos de unos pocos estados fundamentalistas de Islam, que en unión con el grupúsculo petrolero de Wall Street gobiernan la economía del planeta sin misericordia alguna.
El mundo está en problemas. Rabiosos radicales, como Hugo Chávez, tienen a América Latina en sus manos.
Hace pocos días el anciano y decrépito Fidel Castro lo consagró como su delfín. Bolivia, Ecuador, Perú, Nicaragua, Guatemala, Colombia, como señala Villagrán Kramer, somos blancos directos de la influencia de ese nuevo movimiento que dirige y financia el venezolano.
Estados Unidos está hundido en un baño de sangre espantoso. No podemos explicarnos cómo, con la alta tecnología estadounidense, pueden ocurrir esos explosivos que estallan diariamente en Irak.
El Cairo, Pakistan, Afganistán, sufren el terrorismo constante. África está hundida en el hambre, la miseria y el sida, pero nadie piensa en sus habitantes, porque son muchos y no tienen nada.
Una bestia política como el cabecilla de Corea del Norte, sin talla ni cultura e incapaz de darle de comer a su propio pueblo, implora comida gratis y chantajea a Corea del Sur, ya Japón con su bomba atómica.
Europa está contra la pared y su economía, arrinconada por China, no soportará más el endurecimiento del euro que tiene a Alemania, la locomotora de Europa, con crecimiento cero por segundo año y a Francia, e Italia, decreciendo en su economía porque no pueden competir con China que solo quiere vender y no comprar más que materias primas.
No hay sistema o máquina capaz de mejorar la productividad frente a salarios de US$0.35 la hora en las grandes potencias a promedios de US$20 por hora con cinco días de trabajo a la semana.
Se compite pues contra los salarios, una conquista de la clase obrera occidental, y contra el sistema capitalista.
Nadie puede competir con China hasta que explote ella o el petróleo se acabe, y será más pronto que tarde.
Aquí se terminarán las sonrisas y alegrías. ¿Estamos ciegos o somos incapaces de ver la realidad?
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