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MACROSCOPIO Metiendo retroceso
Los últimos resultados de nuestra economía nos indican que no hemos sabido dónde apoyarnos para lograr elevarnos.
Por:
Humberto Preti
Ayer leíamos con preocupación que el IMAE (Índice Mensual de Actividad Económica), aunque se mantiene en positivo, se reduce, y eso quiere decir que algo frena el crecimiento. Se habla de una cifra tan raquítica como el 2.64 por ciento, cifra que por supuesto no es mayor que nuestro crecimiento poblacional, que cada día incrementa más y más.
En días recientes, una fuente confiable aseguró que la cifra podría estar alrededor del 3.5 por ciento anual, o sea que nuestra población se doblará en los próximos 22 años. Dato que realmente para el pelo, pues en definitiva no vemos dónde se podrán colocar esos 150 mil jóvenes que anualmente se suman a la oferta de empleo, y muchos de ellos a las largas filas de desempleados o a la economía subterránea con ingresos mínimos y una calidad de vida casi indeseable.
Otro dato interesante de la publicación es lo dicho por la Embajada de EE.UU., que sostiene que la mayoría de los inmigrantes de este año son gente nueva, o sea que la opción del país del norte sigue siendo la mejor alternativa a la carencia de empleo.
De nuevo leímos, no sin sorpresa, que la macroeconomía está estable, pero según el mismo presidente del Banguat, y con él coincidimos, la economía no se mejorará sólo con tener bien lo macro, pero esto sólo se logrará creando las condiciones para la necesaria inversión que necesita el país.
Durante las discusiones que se dieron para terminar con el conflicto armado, la cúpula empresarial presentó como aporte al proceso un documento que se llamó “Reflexiones del pasado, consideraciones del presente y soluciones del futuro”.
En este libro se proponía colocar a Guatemala entre los mejores 10 de América Latina. Para ello se elaboró un cuadro comparativo donde los servicios y los niveles de desarrollo humano deberían alcanzar los promedios de los mejores del continente.
Se tomaron en cuenta, por ejemplo, el alfabetismo, la cantidad de pupitres por cada mil habitantes, los kilómetros de carretera asfaltada con base en la superficie territorial, la cantidad de camas hospital por cada cierto número de habitantes, teléfonos, velocidad de descarga en puertos, etcétera.
Para lograr el ambicioso objetivo en 25 años, el crecimiento debería ser por lo menos del 6 por ciento anual. Como esto no se logró ningún año después de iniciada la época de la no guerra, ya estamos en déficit, con el agravante de que la población sigue creciendo de manera desmedida.
Estuvimos recientemente en una comunidad verapancense donde el tío Joncho se manda con 19 hijos, y así los otros tíos que llevan desde 15 hasta uno que con 9, que era el menos prolijo a sus escasos 35 años. Con esos niveles no existirá recurso, tierra, ni salario que alcance.
Lamentamos ver a las organizaciones de la sociedad civil enfrascadas en discusiones, en foros y por prensa, discusiones sobre temas políticos y económicos, pero el problema demográfico lo han dejado a un lado como si no tuviera importancia, olvidándose de que a ese ritmo no habrá jamás bienestar si tomamos en cuenta el poco crecimiento de nuestro Producto Interno Bruto.
Creo necesario que alguien debería convocar a una mesa de diálogo sobre el tema, mesa en la cual debería estar presente la Iglesia Católica, así como todas las demás, los ancianos de las comunidades indígenas y todos aquellos que pudiesen aportar algo al tema. En esa mesa se deberán eliminar ciertos paradigmas, pues como se vio en una reciente publicación, la mayoría de la población, por razones culturales, religiosas, por ignorancia o por machismo, se opone al uso de dispositivos anticonceptivos.
Si la economía se sigue desacelerando y la población sigue aumentando, será como estar metiendo retroceso.
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