Logo

Guatemala, sábado 18 de junio de 2005

img
img
img
img
img
Ejemplo: dd/mm/aa
img img
logologo
img img
img img img Guatemala, sábado 18 de junio de 2005 img img imgimg
spacer
img img

Opinión

ALEPH
Tatuajes: pertenecer o quedar fuera

Es una cuestión de identidad de grupo, pero también una estrategia de control y sobrevivencia.
Por: Carolina Escobar Sarti

Tres puntos, algunas lágrimas y un número en el rostro; un nombre de mujer y otra figura en el brazo; un diseño espectacular en el resto del cuerpo. Estos tatuajes representan para un marero lo que el carné de estudiante representa para un joven universitario, lo que las insignias que adornan la guerrera son a un militar, lo que la placa es a un policía. Son sus credenciales de entrada, pertenencia y estatus dentro de cierto grupo y, ciertamente, les otorgan ciertos privilegios asociados al poder.

Pero hoy en día, en Guatemala, los tatuajes no son vistos como en otras épocas y países; con el tema de las maras, los tatuajes representan también el estigma con que una sociedad marca a muchos de sus jóvenes.

Esto no siempre fue así; hace dos o tres décadas, un tatuaje era considerado un símbolo natural de la rebeldía juvenil o también un simple adorno para el cuerpo. Esto ha cambiado; hoy un tatuaje funciona como símbolo de identidad en un sentido, y como símbolo de estigma y marginación en el otro.

Beto, un ex marero entrevistado, cuyo testimonio fuera recogido en el libro Maras y pandillas en Centroamérica, volumen III, dice lo siguiente: “En cuanto a los tatuajes, tampoco eran bligatorios.

Yo me lo hice porque alguien lo sabía hacer, pero en ese tiempo no era para que te identificaran, como un distintivo de pertenecer a la mara. Tampoco se usaban los tres puntos, ni las famosas lágrimas cuando se mataba a alguien. De hecho, algunos de los de las maras mataron a alguien, pero eso no era así como muy aplaudido. Qué bueno que era fuerte, qué valiente, que no le da remordimiento, pero ni se aplaudía ni se censuraba”.

Un marero hoy tiene que estar tatuado, porque eso revela públicamente el orgullo de pertenecer a una u otra mara, su estatus dentro de ese grupo, cuán identificado está con la mara, y también permite que la mara lo controle.

Es una cuestión de identidad de grupo, pero también una estrategia de control y evivencia. “Antes andaba con la camisa abierta y la gente me respetaba o me temía”, dice Fred, otro ex marero en el mismo libro.

Fuera de este artículo quedan las personas, hombres y mujeres, que no pertenecen a ninguna mara, y que se han tatuado el cuerpo desde hace miles de años. Siempre con fines rituales, existenciales o estéticos, tratando de entender y reinterpretar en su cuerpo los cambios y las preguntas que enfrentamos los seres humanos a lo largo de nuestras vidas.

Otros que no nos marcamos el cuerpo, probablemente llevemos amuletos en el bolso, fotos de nuestro gurú en la cartera y hasta esconderemos en alguna gaveta algo que sentimos que nos protege y nos hace ser partes de un todo.

Pero volviendo a los mareros y sus tatuajes, ¿qué hace un marero cuando quiere rehabilitarse y reintegrarse a la sociedad guatemalteca, si tiene todo el cuerpo tatuado y nuestra sociedad lo estigmatiza por ello? ¿O exagero cuando digo que hasta para conseguir ciertos trabajos, con el pretexto de hacer exámenes físicos, les examinan el cuerpo?

En Guatemala caminan por la calle y hasta salen en los periódicos algunos personajes de traje y corbata que, sin usar tatuajes, son más mareros que los mareros, pero como no hay símbolos visibles de su identidad, pasan inadvertidos para la mayoría.

Bien se dice que lo que no se ve, no existe, pero ese es otro tema. l mismo Fred al que me referí antes, tiene todo el cuerpo tatuado, pecho, espalda, brazos, manos, piernas y cara; el programa “Adiós tatuajes” ya le quitó el número 18 que tenía entre la barbilla y el labio inferior, pero aún tiene cicatrices. Lo próximo será quitarse los tatuajes de las manos, aunque sabe que nunca se deshará de todos los demás.

El desafío es grande, pero ninguna rehabilitación puede contemplarse sin darle algún tipo de solución al estigma del tatuaje. Hay más de un marero que ha podido reintegrarse a la sociedad, a pesar de que las mismas maras matan a muchos de ellos cuando tratan de hacerlo.

También se enfrentan a las posiciones duras de que hay que acabarlos sin contemplación alguna y a la misma frase lapidaria que, según Tito, otro ex marero, se repiten entre ellos más de una vez: “Entre los mareros (...suele decirse que a todos algún día nos tocará uno de estos caminos: el hoyo, el hospital o el bote. Yo tuve suerte”.

Además, en esta sección:

 

Copyright © 2000 - 2007 Prensa Libre, S.A. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

 

img img
spacer
Ciudad Guatemala
15°C Min, 24°C Max
Principalmente soleado.
 
img
img

US$1.00 Q 7.62134

img
img