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EDITORIAL Preguntas libres, base democrática
Uno de los elementos básicos para la cimentar la democracia es la libertad de la Prensa para hacer las preguntas que considere convenientes. La decisión de responder o de abstenerse a hacerlo es asunto que pertenece a los derechos de la persona cuestionada. Pero no conviene a nadie el precedente de que ciertos temas sean eliminados por solicitud expresa de quienes convocan a una conferencia de prensa.
La semana recién pasada, con motivo de la visita de la vicepresidenta de Taiwan, señora Annette Lu, el presidente Óscar Berger solicitó a los periodistas que no preguntaran del famoso caso de los US$1.5 millones otorgados en tres cheques oficiales de dicha nación como donaciones para asuntos educativos y que fueron a parar a manos de Alfonso Portillo.
La pregunta era obligada, por ser de interés tanto para Taiwan como para Guatemala que se aclare exactamente lo sucedido. La señora Lu podía haber declinado responder, o hacerlo como lo hizo en la entrevista otorgada a este periódico y publicada ayer. Pero la intervención presidencial guatemalteca es mal precedente para cuando se convoque a conferencias de prensa con funcionarios públicos nacionales o foráneos.
Cuando un funcionario público acepta y, más aún, pide la presencia de la Prensa, acepta de hecho la libertad de ésta de preguntar de los temas que le interesan al público, no sólo de aquellos que la persona desea tocar. Un viejo dicho periodístico señala que no hay preguntas indiscretas, inconvenientes ni embarazosas, sino sólo respuestas equivocadas.
Quien responde es la persona que se puede poner en problemas, no quien hace una pregunta, en especial si es parte de su trabajo y de su habilidad profesional. Responder de la manera que dictan la prudencia y la experiencia políticas, es la habilidad de quien no puede ni debe comprometerse.
Esto sucede todos los días y es parte del juego democrático y de las reglas en que la Prensa funciona, se desarrolla y cumple su papel en las sociedades desarrolladas.
Pero al no tener libertad de preguntar, la Prensa se convierte necesariamente en un medio de propaganda, al solamente registrar ideas convenientes a los gobiernos, lo cual no significa que lo sean para el público, o para los legítimos intereses nacionales.
El Gobierno guatemalteco debe abstenerse de tratar de aliviar a nadie de supuestas situaciones embarazosas provocadas por los interrogatorios periodísticos. Si continúa haciéndolo, corre el riesgo de que la Prensa independiente se abstenga de asistir.
Vale la pena indicar que la señora Lu expuso sus criterios en la entrevista publicada ayer. Si son aceptables o no, es otra cosa: no respondió como muchos hubieran querido que lo hiciera, al pedir pruebas cuando el dinero viene de un cheque oficial del Gobierno de Taiwan a nombre de Portillo. Pero el punto es que no rehuyó la respuesta a la pregunta, por lo cual queda demostrado que la preocupación oficial guatemalteca era innecesaria y oficiosa.
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