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EDITORIAL Fujimori, o la desvergüenza
Pocos personajes le han hecho tanto daño a la democracia latinoamericana como el ex presidente peruano Alberto Fujimori, quien con su regreso a Chile inicia su camino para volver a pelear por la primera magistratura de su país, en un acto que solo es el más reciente de una serie de acciones de la mayor desvergüenza tanto política como personal.
La historia de Fujimori es compleja. Luego de ser catedrático universitario, entra en la política como un perfecto desconocido y asume la Presidencia como resultado del hastío ciudadano ante las acciones ilegales e inmorales de la clase política.
Al principio se gana el apoyo de sus paisanos y el interés en el extranjero, pero la corrupción, el nepotismo, el gangsterismo político y otras acciones igualmente nefastas lo convierten en la cabeza del régimen más corrupto de la historia peruana.
Luego de una segunda reelección, en noviembre del 2000, escapa de Perú y se refugia en Japón, país que se niega a extraditarlo, y de allí salió rumbo a una nación latinoamericana, posiblemente México, de donde voló en un avión privado hasta Chile, en momentos en que las relaciones peruano-chilenas se encuentran en un mal momento.
Fujimori es ejemplo claro de un tipo de personajes politiqueros que le hacen enorme daño a la democracia, sobre todo porque al aprovecharse de sus mecanismos para beneficio propio, fomenta el sentimiento en pro de regímenes autoritarios.
El caso de Fujimori, y eso es lo preocupante en nuestro continente, no es único. Son muchos los gobernantes y ex gobernantes que andan por ahí escondiéndose de la justicia, de la cual se burlan.
Por infortunio, dentro de los ciudadanos de los países expoliados por esta gente, aún quedan personas que apoyan a los sistemas populistas y, sobre todo, a sus líderes.
Sin saberlo o tener conciencia de ello, se convierten en la carne de cañón —por decirlo así— de que pueda ocurrir la tragedia de un retorno al poder, aprovechando que quienes los han sucedido en el mando de un país han sido más corruptos, más ineptos, más demagogos, más traidores a las promesas hechas en campaña.
Las acciones de Fujimori provocarán problemas internos y externos para Perú. Los primeros serán el resultado de las acciones tomadas por quienes se benefician de esta burla a la forma y espíritu de la ley.
En el extranjero, las maniobras realizadas en Chile, por ejemplo, causarán malestar y distracción ante los problemas nacionales. Y el resto de Latinoamérica observará con estupor lo que vaya ocurriendo en la tierra de los incas.
Mientras subsistan los Fujimori, los Serrano, los Portillo, los Ortega, los Salinas —por citar sólo algunos ejemplos— es imposible lograr que nuestros países se afiancen en la ruta hacia una mejor calidad de vida, que está relacionada con el ejercicio decente de la política.
Se debe luchar porque funcione el sistema de justicia, a fin de impedir el retorno de gente desvergonzada que desprestigia a todo aquel que desee participar en la vida política del continente.
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