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HORIZONTES Aves del trueno
Uno se pone a pensar cómo una escuadrilla de aviones militares estadounidenses puede generar tanta atracción.
Por:
Francisco Beltranena.
Más esplendorosa no pudo haber sido la mañana. Había amanecido más bien fresca y ventosa, pero sin nubes. El Valle de la Ermita se miraba espectacular a las seis y media de la mañana, cuando bajaba para ir a dar clases a la universidad.
Los volcanes se divisaban en el recortando horizonte, el que todavía mostraba tenues colores rosados que comenzaban a presagiar el azul que con el transcurso de las horas le serviría de fondo. Exquisito era el paisaje que gratuitamente me obsequiaba nuestro Señor, el que ciertamente alivia los difíciles días por lo que hemos venido pasando.
Uno se pone a pensar que si las condiciones económicas que se viven en el país no son nada buenas para nosotros, ¿cómo serán para aquellos que son menos favorecidos que uno?
Al principio uno pensaba que la escala de los precios del petróleo sería algo temporal que pasaría con el correr de los días, pero han pasado las semanas y si bien los precios en las bombas de gasolina han bajado, siguen por encima de Q26 por galón.
Platica uno con sus amigos, empleados, asociados, personas conocidas, pacientes, lectores, radioescuchas, comerciantes, empresarios y llega uno a la conclusión de que las cosas no están bien en general. Esta crisis que estamos pasando nos afecta a todos, sólo que a unos más que a otros, indiscutiblemente.
Con ese estado de cosas y con la percepción que de ellas se tienen, aparecen casi todos los días nuevos motivos para preocuparse. Me lo han reflejado las pláticas con mis alumnos. Por increíble que parezca, ellos se sienten frustrados con acontecimientos como la fuga de los reos de la prisión de “alta seguridad” en El Infiernito.
Y se sienten así, porque en el fondo quisieran que las cosas fueran diferentes, tal y como habían creído que diferentes serían.
Ya con el correr de la mañana descubrí que me sentía con un anhelo reprimido. Salí de la universidad y avisé a mi secretaria que me retrasaría. Agarré camino al Aeroclub y me fui a disfrutar de la exhibición aérea que hicieran las Aves del Trueno.
Y valió la pena. ¡Qué espectáculo! Al salir, cuando la escuadrilla rompió la formación e inició su procedimiento para aterrizar, me di cuenta de que los alrededores del aeropuerto estaban llenos a más no poder. Qué tal si hubiera sido en fin de semana me dije.
Por supuesto, uno se pone a pensar cómo una escuadrilla de aviones militares estadounidense puede generar tanta atracción. Estaba allí gente de todos los estratos y de todos los colores.
Seguramente que encerrados estaban todos los zurdos antimilitaristas a los que el estruendo de las Aves del Trueno les debe haber provocado alergia. Ustedes se lo perdieron. ¡Hasta la próxima!
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