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MACROSCOPIO ¿Quién me la paga?
La ingobernabilidad, como un producto del revanchismo, es peor que cualquier desastre natural
Por:
Humberto Preti
El resultado de la elección en el Congreso de la República, definitivamente, no fue lo esperado por muchos: algunos felices por el regreso de las huestes del FRG a la dirigencia del organismo más cuestionado de gestión pública, ya haciendo planes para obtener “huesos” y prebendas; y otros, con los pelos parados sólo de saber el regreso de la horda.
Hoy, los señores del FRG, perdieron la oportunidad de presidir el Congreso y, con ello, algunas de las jugosas posiciones y la capacidad de decisión y cuotas de poder que el puesto lleva; pero, por el contrario, tienen un fuerte componente del Legislativo que podría hacer caer a este país en la más absoluta ingobernabilidad.
Y es que, desgraciadamente, este tipo de políticos siempre piensa en las posiciones y en las futuras elecciones y jamás en las futuras generaciones.
Lo malo de la elección reciente es que se tuvieron que hacer arreglos con los portilllistas tránsfugas de su efímera alianza con el ex partido gobernante y ahora vieron la oportunidad de colarse de nuevo a las esferas de poder, por medio de sus votos para el reelecto presidente. Preocupante, ¿no?
El problema en adelante será la posibilidad o no de que se apoyen las propuestas de las bancadas afines al presidente del Congreso, sean éstas o no de interés para las mayorías.
Y es que la conformación de las fuerzas partidistas en el Congreso da lugar a pensar que no se arreglará nada ni se aprobará nada si no es por medio de “arreglitos” y que pueden costar dinero y, lo que es peor, retraso en todas las obras necesarias para aliviar la grave situación en ciertas partes del país.
Si la política del revanchismo prevalece, pues estaremos aliviados, no habrá leyes que se aprueben a menos que se pague un alto costo por ello, ya sea con dinero o con “puestecitos” por allá y acullá y, por supuesto, también perderán sus puesto aquellos que no entraron en la jugada, como los que parten el pastel hubiesen deseado.
Esta política del revanchismo la hemos vista aplicada, inclusive, a empresas del sector privado, tramites estancados, licencias sin aprobarse, acoso fiscal, falta de pago a contratistas, descalificación en licitaciones, gestiones aduaneras detenidas y otros tantos, sólo porque no se dio el apoyo financiero a la hora de la campaña electoral, y va llevándose entre las extremidades a alcaldes, diputados, funcionarios de mandos medios y hasta ministros.
Otro caso del revanchismo se da con los medios de comunicación que denuncian o critican algunas acciones de gobierno que no son transparentes, o por falta de información y por la barrera informativa de los funcionarios de Estado, pareciera serlo y por consiguiente se da preferencia a otros para propaganda y otros hechos que merecen difusión.
Las posiciones ideológicas son válidas y oponerse por defender principios es sano y hace que el ejercicio democrático logre balances, para evitar las posiciones extremas, pero el oponerse sencillamente porque a mí no me dieron el chance, es mezquino y, además, pernicioso para el desarrollo del país.
Si la posición en adelante será la de la envidia y la venganza, pues como que no llegaremos a ningún lado. Guatemala necesita de sus ciudadanos y del buen desempeño de quienes gobiernan; de su empresarios, de sus trabajadores y de una actitud positiva, todos con un fin exclusivo, sacar a este país de la mediocridad que se ahonda por la crisis, ello necesita esfuerzos físicos y mentales.
Para que todos trabajemos bien y sin tropiezos, debemos dejar perder el tiempo en pensar en ¿quién me la paga?
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